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Review: El color púrpura

Este jueves llega a las salas El color púrpura (2023), película musical que, con la vara alta de la versión audiovisual de 1985 y la teatral de Broadway recrea la historia escrita por la ganadora del Pulitzer Alice Walker. Sin embargo, no se trata de un estreno más, ya que sienta una postura desde la cultura sobre la libertad de expresión y critica al racismo, al machismo y a los movimientos de censura en la educación, en medio de las campañas presidenciales en Estados Unidos.

¿Todo eso? Sí. Desde la publicación del libro hubo grupos que abogaron para que no estuviera disponible en las bibliotecas. ¿Por qué? La historia, que comienza en Georgia en 1909, sigue la vida de Celie (Phylicia Mpasi / Fantasía Monique Barrino —ganadora de American Idol 2004), una joven afroamericana que para entonces está embarazada por segunda vez de su padre (Deon Cole).

El color púrpura arranca, de este modo, con los tapones de punta denunciando el abuso sexual intrafamiliar y no deja afuera del relato ninguna de las injusticias vividas por esa intersección del género especialmente desfavorecida que es la raza. Así, vemos como el padre a su vez la entrega en matrimonio para que se encargue de la casa y los hijos de Míster (Colman Domingo )—de quien recién mucho más adelante conocerá el nombre de pila—.

Con ese matrimonio Celie pierde contacto con su hermana Nettie (Halle Bailey / Ciara Princess Harris), única persona además de su madre muerta que la ha querido. Sin embargo, y aunque ella no sea plenamente consciente, con sus gestos y acciones va construyendo vínculos de sororidad con otras mujeres de su raza y clase: Shug Avery, la amante de su marido (Taraji P. Henson); Sofía, la primera mujer de su hijastro (Danielle Brooks —recordada por su Taystee en Orange is the new black) y Squeak, la segunda (H.E.R).

Y de a poco y gracias a esos vínculos empoderadores y liberadores descubrirá que la vida no es solamente una pila de caca, que también tiene cosas maravillosas como las flores, las hermanas y el color púrpura. Todo eso mechado con números musicales medio desparejos —algunos muy buenos, con coreografías que toman por ejemplo los golpes de maza del trabajo como percusión y otros, no tanto—.

Una peli para emocionarse y llorar, alegrarse y de a ratos aburrirse —unos minutos menos a esos 140 podrían haberla hecho más contundente—. La dirección a cargo de Sam Blitz Bazawule (cineasta y rapero ghanés) hace justicia al espíritu de la historia y a la complejidad del musical para sentar postura junto a la producción de Oprah Winfrey —quien había actuado en la versión de Spielberg—: el cine no es sólo entretenimiento.

8/10

 

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