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Review: Los que se quedan

De pronto parece que estás viendo una película vieja. Esa fue la intención de Alexander Payne desde los primeros minutos de Los que se quedan (The Holdovers) con el logo de Universal Pictures, la placa de calificación y la tipografía de títulos setentosas a tono con la época en que transcurre la historia, en un internado preuniversitario de varones con uniformes y melenas largas.

Profesores y jóvenes se preparan para viajar con sus familias por los quince días feriados de navidad y fin de año. Solo unos pocos se van a quedar en Barton. Entre ellos no figuraban Angus (Dominic Sessa) —a quien con la valija en la puerta su madre le avisa que aprovechará esos días para irse de luna de miel con el nuevo marido—; ni tampoco el profesor Hunham (Paul Giamatti) era el tutor a cargo, pero lo engrampan a último momento.

Al toque uno de los padres de los chicos se los lleva a todos menos a Angus, ya que no pudieron contactar a su madre. Entonces, esa convivencia que iba a afectar profundamente a los estudiantes —ya sea intergeneracionalmente como en La sociedad de los poetas muertos o entre pares de edad como en El club de los cinco— termina conformándose en un trío que se completa con Mary (Da’Vine Joy Randolph), la cocinera afroamericana que perdió a su único hijo en Vietnam.

Angus saca buenas notas pero sabe que eso no le asegurará ni la atención de su madre ni le dará un respiro frente a la pérdida de su padre. Hunham es un tipo estricto y cascarrabias que no le cae bien a nadie; prácticamente ha dedicado su vida a la escuela y es consciente que las cuestiones ahí adentro se mueven más por amiguismo y dinero que por excelencia. Por su parte, Mary no duda que la igualdad legal es una farsa: su hijo se alistó en el ejército para poder costearse la universidad, mientras los estudiantes de Barton hacen viajes de esquí y sus padres hacen jugosos donativos para compensar problemas académicos.

De este modo, los tres personajes principales que nos presenta Los que se quedan son imperfectos, están dañados o ya se han desengañado del sueño americano. Sin embargo, la inteligencia del director no los pone a rasgarse las vestiduras ni se regodea en el patetismo sino que hace de su interacción un motor para replantearse y no quedarse estancados.

Esta es para mí, quizás también un punto negativo de la peli, ya que se trata de una ecuación ya súper afinada por Payne y que en este regreso no presenta nada novedoso. Por lo demás, son muy disfrutables las actuaciones, el humor ácido y la propuesta sofisticadamente centrada en los personajes que el cine estadounidense suele dejar bastante de lado.

8/10

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