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Review: El poder de la red

Dirigida y escrita por Aaron Sorkin, estrena hoy El poder de la red (El poder de la red, 2026). Protagonizada por Mikey Madison, Jeremy Strong y Jeremy Allen White.

El film funciona como una suerte de segunda parte de The Social Network, estrenada en 2010. En esa oportunidad, Mark Zuckerberg recién creaba Facebook y se enfrentaba a los posteriores conflictos legales. En esta oportunidad, nos encontramos con las consecuencias sociales de la plataforma cuando una ex empleada de Facebook (Frances Haugen) y un periodista del Wall Street Journal (Jeff Horwitz) se alían para destapar los escándalos de la corporación.

En primer lugar, a los que sean fanes de The Social Network les aviso que el encuadre de la segunda parte es muy distinto. Si bien seguimos en la misma temática, la primera película es una suerte de mito de origen frenético, fuertemente marcado por la experiencia universitaria de los protagonistas. Por el contrario, en esa oportunidad, nos encontramos en otra escala. No solo el gigante creció, sino que The Social Reckoning se caracteriza por un tono de denuncia, anclado en la investigación periodística y los entramados de poder. Ya no importa tanto el porqué Mark Zuckerberg se equivoca, sino cómo lo hace, qué información elige ignorar en pos de la facturación de su empresa.

Una distancia entre el guion de Sorkin en ambas oportunidades es la incapacidad para contar la trama de forma no linealmente cronológica sin avisárnoslo repetidas veces. Me explico, por si no lo recuerdan, en The Social Network se utilizaba la batalla judicial como excusa para mostrar el pasado de la historia. No necesitábamos un subtítulo con la fecha, ni una aclaración sobre dónde nos encontrábamos. En esta oportunidad, quizás por la falta de atención que caracteriza a la época, aparecen paratextos que nos anclan temporalmente. Es una observación insoportable de mi parte, pero es notorio cómo cambiaron las decisiones narrativas desde su predecesora, pasados dieciséis años del estreno.

Lo que me lleva a la segunda observación. No podría asegurar que estamos todos al tanto de los peligros del uso ilimitado de las redes, pero sí puedo decir que muchos de nosotros conocemos ese riesgo. El poder de la red nos intenta contar ese peligro como si fuese una novedad, matando algunos de los momentos de tensión de la trama.

Por otro lado, en las interpretaciones solo tengo cosas buenas para decir. En primer lugar, Mikey Madison tenía un relativo perfil bajo desde haber ganado el Oscar a mejor actriz en el 2025, con tan solo 26 años de edad. Si bien sorprendió por (algunas) de las contrincantes de la categoría, más lo hizo su ausencia del ojo público desde entonces. Madison vuelve a la pantalla grande con un rol crucial dentro de la historia —interpretando a Frances Haugen— y lo lleva adelante con el abanico de emociones que viene al caso. Muy distinto a su papel en Anora (2024) o en Había una vez en Hollywood (2019). Una posdata: me pareció muy curiosa (rozando lo rara) la male gaze para presentar al personaje de Mikey en cámara; perspectiva que luego se mantiene con unas decisiones de vestuario forzadamente explicadas por la trama.

En el caso de Strong, lo vemos interpretar un Mark Zuckerberg distinto al de la película predecesora —en su momento, llevado adelante por Jesse Eisenberg—. Se trata de un retrato del hombre exitoso, de la imagen de lo que hace el poder con las personas que ya eran malas para empezar.

Por último, White encarna a Jeff Horwitz, que funciona por momentos como alivio cómico. Es una elección de guion extraña para caracterizar a un ganador del Pulitzer, pero sin duda funciona. El vínculo que se desarrolla entre él y el personaje de Mikey Madison es exquisito; desde lo humano hasta el humor entre personas de las ciencias blandas y duras.

En conclusión, recomiendo enfáticamente El poder de la red, pero también que vuelvan a ver a su antecesora, como hice yo el fin de semana pasado. Van a encontrar a personajes que siempre estuvieron ahí, que no se miran en el espejo, y que hoy más que nunca debemos conocer dónde ponen su plata y sus intereses.

 

9/10

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