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Review: Eureka

Eureka es la nueva película del argentino Lisandro Alonso. Y vale la aclaración porque se trata de una producción de la que participan varios países: Francia (30.61%), Alemania (20.15%), México (20.0%), Portugal (19.24%) y Argentina (10.0%) —encontré los porcentajes de tarasca y no quería dejar de ponerlos—. Se trata de una película muy interesante en cuanto a la forma de narrar y los registros de cada una de las tres partes.

La primera parte es un western en blanco y negro y casi paródico protagonizado por Viggo Mortensen —que ya había acompañado al director en Jauja (2014)—, quien hace de un hombre que llega a un pueblo sin ley para buscar a su hija secuestrada, donde los nativos americanos y las mujeres son los malos. La segunda parte, con un registro más realista, sigue la noche de patrulla de la agente de policía Alaina (Alaina Clifford) en la reserva Pine Ridge, de Dakota del Sur.

Aquí se transmite la profunda desesperanza de la comunidad a través de una fotografía lúgubre, los tiempos morosos y el constante repetir de la radio “1-4-7-dispatch” —el código de la chica— diciéndole que no hay refuerzos para acompañarla. Gente hacinada en medio de la miseria, la violencia, el alcoholismo y la brutal disonancia del casino: esos son los problemas que enfrenta Alaina; mientras su sobrina, Sadie (Sadie Lapointe), no tiene mejores perspectivas: es entrenadora de básquet para adolescentes entre los que es común el suicidio.

Hacia el final de esta parte, el tono cambia y cabe la pregunta: ¿se vuelca hacia el fantástico o se vuelve más realista desde otra cosmovisión? Yo creo que así como Eisejuaz, —la exquisita novela de Sara Gallardo— no es un “monólogo de un mataco psicótico”, la historia que cuenta Eureka no es fantástica sino para nuestros seteos de pensamiento y percepción occidentalizados.

La tercera parte transcurre en otro escenario, pero como dice el abuelo de Sadie “el tiempo es un invento de los hombres, sólo existen los lugares”. En este caso, un nativo de una tribu de la Amazonía huye de la comunidad y es contratado por un patrón blanco junto a otros trabajadores blancos para buscar oro en la selva.

Como veremos, las tres partes de la película enhebran, con registros diferentes y en temporalidades distintas, la historia ubicua de algunas de las formas de la explotación colonial a lo largo del continente. Desde las representaciones del héroe civilizador y el villano salvaje pasando por las políticas de confinamiento que son las reservas y la explotación distintiva hacia los pueblos originarios. Una película que logra captar la atención pero que no es lo que estamos acostumbrados a ver —atenti que dura 140 minutos—; para ejercitar la ruptura de la causalidad y el ordenamiento narrativo tradicionales.

 

7/10

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