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Review: Instinto maternal

Hacer remakes es complicado: hay una obra que precede y, por lo general, ha sido lo suficientemente atractiva como para despertar ¿interés? ¿necesidad? de aportar una nueva mirada a una historia que ya se contó. Es lo que sucede con Instinto maternal, que nos vuelve a sumergir en el mundo de la clase burguesa suburbana de los sesenta —pero esta vez lejos de la Bélgica original—.

Y aunque en un principio se barajó la posibilidad de que el mismo director de la versión belga se hiciera cargo de esta nueva peli con sello de Hollywood, la dirección quedó en manos de Benoît Delhomme (quien debuta como director, pero ya tiene una amplia trayectoria en la fotografía de películas como La teoría del todo, El niño con el pijama de rayas y 1408).

Este desarrollo previo del director se hace muy patente en el tratamiento de color e iluminación que logra crear la sensación de lo siniestro a través de la pulcritud y la perfección. ¿Acaso hay algo más siniestro que una madre y esposa que mantiene un caserón de dos pisos de punta en blanco, que se ocupa del hijo, de la escuela, del marido, de la comida y de las plantas sin que se le corra el maquillaje o se le retobe el brushing?

Este es un punto a favor del remake, que a pesar de seguir casi milimétricamente el guión y los parlamentos de la original, engorda la construcción de ese mundo donde la maternidad sigue siendo punto cúlmine de la realización femenina —Facundo Arana se atrasó unas décadas nomás— y estas mujeres se vinculan problemáticamente con ese mandato.

Así, de estas dos amigas y vecinas con vidas casi simétricas, Céline (Anne Hathaway) aunque lo desee ya no podrá tener más hijos mientras que Alice (Jessica Chastain) querría volver a trabajar. Entre ellas se teje una complicidad que por momentos insinúa lo erótico pero que pronto se pondrá en jaque con una tragedia que hará que el relato vire del drama hacia el thriller.

Instinto maternal en su versión Hollywood pierde el trabajo de encuadres y planos con el que la belga se luce, pero gana en la construcción del siniestro y el desarrollo de los personajes. Obviamente también “cierra” todas las aristas y redunda —porque vieron que si no una no entiende— pero despliega una fotografía que hace de esta versión otra historia —la magia del cine—. Se lucen las actuaciones de Hathaway y Chastain, tan buenas como las de sus colegas belgas, pero en función de esta otra versión. En la sala de cine se escucharon exclamaciones de sorpresa y pedidos a las protagonistas que no llevaran a cabo alguna acción y eso es un montón para una peli hoy en día. Entretenida.

 

6/10

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