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Review: Verity

Adaptada de la novela homónima de Colleen Hoover, estrena esta semana Verity (2026). Dirigida por Michael Showalter, protagonizada por Josh Hartnett, Dakota Johnson y Anne Hathaway.

Lowen es una escritora indie que es convocada para un trabajo que podría salvarla financieramente: terminar los libros de la novelista best seller internacional Verity Crawford, quien quedó catatónica después de un accidente de auto. Al mudarse a la casa de ella y su marido, Lowen no podrá confiar en nada de lo que ve o piensa.

Uno de los grandes problemas de muchas buenas películas es que no importa solo su calidad, sino también el contexto en el que se producen. El año pasado estrenó The Housemaid (La empleada, 2025), con una premisa muy similar. Una jovencita es empleada en una casa donde vive una mujer de mediana edad que parece loca y mala. En contraparte está su esposo, que es lindo y bueno. Dicha jovencita empatiza con el marido maltratado, y se solidariza tanto que termina encamándose con él. Al final, en un giro inesperado de eventos, el hombre resulta ser el malo, el que todo este tiempo estuvo envenenando o haciendo pasar por loca a su esposa. Tanto Verity como The Housemaid tienen, detalles más o detalles menos, el mismo argumento.

Pero, ¿por qué esto es un problema? Porque el año pasado The Housemaid, que contó con un presupuesto de producción de 35 millones de dólares, recaudó 400 millones. Tengo claro que los sommeliers del cine odian hablar de la taquilla, pero me parece un dato importante para medir cómo le fue a una película. En el caso de que gusten de otros parámetros, en Rotten Tomatoes el 74% de las reseñas son positivas, y en Letterboxd tiene un 3.1/5. Esto quiere decir que a The Housemaid le fue más que bien. Si aun así le huyen a todos los tipos de números, no se preocupen, tenemos más problemas.

The Housemaid contó con muchas características que la hicieron tan atractiva, una de ellas era el elenco: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried y Brandon Sklenar. En el caso de Sydney, vamos por un segundo a hacer el ejercicio de viajar al pasado y poner nuestra cabeza en el momento de estreno de La empleada, varios de sus escándalos atrás. Sydney venía de una muy exitosa temporada de Euphoria, de una buena película de terror (Inmaculada, 2024) y de diversos proyectos que la enmarcaban en un perfil actoral de inocencia caótica. Por otro lado, Amanda Seyfried es una gran actriz, no tengo nada que explicarles al respecto. Por último, y más importante para la comparación con Verity, Brandon Sklenar. Brandon venía de estrenar Romper el círculo en 2024, en la que interpreta un papel secundario, donde actúa del tipo bueno que aparece para ayudar a la protagonista. Esto le daba un halo de héroe, que engañaba de buenas a primeras al que solo lo hubiese conocido por ese papel; ideal para el antagonista inesperado de La Empleada. Pero lo más relevante: entre los actores había mucha química. Sydney y Brandon funcionaban como estereotipo de la infidelidad, y Amanda interpretaba a la perfección a la loca que todos los espectadores querían que fuera.

No ocurre lo mismo en Verity, donde el trío protagonista no tiene una suerte similar. En primer lugar, muy a lo Hollywood, la diferencia de edad de doce años entre Dakota Johnson y Josh Hartnett se hace notar. No gozan ni de un cuarto de la química que el guion nos quiere convencer de que tienen. En el caso de Anne, se trata de una gran actriz metida en el papel más estereotipado posible. A diferencia de Amanda Seyfried en La empleada, Anne interpreta a una madre muy vulgarmente mala, a tal punto que no resulta creíble ni verosímil.

Por otro lado, Verity es cobarde en el desenlace. Spoiler mediante, al final el personaje de Dakota Johnson queda confundida entre si la mala era Verity o el marido. Muy vago, moralmente dudoso, pero sobre todo: no arriesga. En otras producciones basadas en libros de Colleen Hoover ocurre lo mismo. Se plantean conflictos interesantes, por los cuales la narración no termina de tomar partido. No se entiende si por miedo al juicio o por tibieza, pero lo que resulta seguro es que no se trata de finales memorables ni para bien, ni para mal.

Esto no quiere decir que Verity sea una mala película, ni que haya un plagio. De hecho, en el caso de La empleada, el libro fue publicado en 2022; mientras que Verity es de 2018. Pero para la película, la historia no corrió la misma ventaja, y en cualquier obra es importante el contexto en el que se produce, casi tanto o más que su calidad.

En los puntos positivos, Verity maneja muy bien el tono del thriller psicológico durante el desarrollo del conflicto. Es un paralelo perfecto, ya que las novelas de la autora best seller protagonista también se ubican dentro del mismo género. En ese sentido, está mejor logrado que otras de las adaptaciones de Hoover.

Hablando de Colleen, es importante mencionar que tiene un cameo fugaz al estilo Stan Lee. De las cuatro películas en las que se adaptaron sus libros, Colleen solo eligió aparecer en dos: la que nos compete y Romper el círculo (2024). Me pregunto si habrá una razón concreta para respaldar con su presencia algunos films y otros no.

Una de las características más sorprendentes de la película son las locaciones. Casi la totalidad transcurre en una casa frente a un lago. Los exteriores son fríos y desamparados, pero el interior también expulsa con el material del que están construidos los ambientes y la disposición laberíntica, imposible de seguir. Gesto que refleja la psicología de todos los personajes involucrados.

En conclusión, y para que no quede ninguna duda, recomiendo Verity enfáticamente a los que disfruten del thriller psicológico. Ahora, no esperen más que un estreno pochoclero, y mucho menos que vaya a estar a la altura de otras últimas películas del género.

 

 

7.5/10

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