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Review: Tres tiempos

Después de recibir la mención del jurado en el 40° festival de Cine de Mar del Plata, hoy estrena en Cacodelphia Tres tiempos, la exquisita ópera prima de Marlene Grinberg. Se trata de una película que habla de los vínculos intergeneracionales de tres mujeres con pocos diálogos, haciendo hincapié, en cambio, en la danza y el movimiento, la fotografía, el escenario natural y lo contenido en las demostraciones de afecto.

En la primera escena vemos una danza a orillas del lago: en realidad se trata de una clase en la que Emma (Mara Bestelli) dirige a Alicia (Violeta Postolski). La escena se repite en el interior de esa especie de castillo, marcando la rutina de entrenamiento y la cotidianidad austera de ese dúo que vive aislado. Pero entonces desembarcan en el muelle de la casa Bárbara (Florencia Dyszel) y Juan (Fernando Contigiani).

Bárbara es la hija de Emma y la madre de Alicia, cuya visita se anticipa en comentarios que siembran intriga acerca de por qué no vive con ellas y algo sobre su forma de ser particular. Así, al conocer al personaje se comprende que Bárbara es neurodivergente y que su presencia tensiona las formas de hacer y las dinámicas de la casa: tiene cambios repentinos de humor, se aburre fácilmente pero también sabe expresar el afecto.

En ese sentido, su presencia rompe el equilibrio y a la vez habilita la rascadita sobre las superficies que deja al descubierto la necesidad de afecto de Alicia y la dificultad de Emma para demostrarlo, cosa que también se refleja en su carácter estructurado, que no permite a Alicia encontrar el disfrute en la danza y los movimientos más orgánicos. Algo similar ocurre con Juan, el acompañante terapéutico de Bárbara.

Y no sólo por despertar el deseo en la adolescente, sino porque se presenta como una figura masculina extrañada, afectuosa y cuidadora frente a otros varones fantasmáticos. En este sentido, el tono íntimo del filme toma por momentos elementos de la intriga de fantasmas, como ese castillo que sin embargo, se fotografía con colores planos pero atractivos y ambientes despojados de lo gótico.

En suma, se trata de una película que indaga los vínculos madre-hija con una intimidad y un proceso de tensión y cambios expresada a través del movimiento. Con personajes arquetípicos, tintes fantasmagóricos y de fantasía, fotografía y escenario bellísimos y muy buenas actuaciones. Tiene un montón de detalles simbólicos para interpretar y seguir pensando, y un final que le hace justicia a los personajes. Muy recomendable.

9/10

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