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Festivales: El libro de las soluciones

Esta semana del 21 al 27 de marzo se realiza en Cinépolis el Festival de Cine Francés con una oferta variadita en géneros que constituye un gran pantallazo para ver qué se está produciendo en ese país. Uno de los títulos más interesantes es el del reconocido director  Michel Gondry a quien todos recordamos por Eterno resplandor de una mente sin recuerdos (2004). En este caso, la pieza es El libro de las soluciones, una comedia autobiográfica que es, a la vez una forma de ars poética.

La trama comienza con una reunión donde los CEOs de la compañía productora de cine ven junto al joven director Marc (Pierre Niney) un crudo de lo que será su nueva película. A los ejecutivos les parece que la escena final está borrosa e inentendible y que la única forma de sacar a la luz el proyecto es pegando los volantazos que ellos consideran necesarios, por ejemplo, lograr que en esa escena se distingan los actores, que son a quienes el público va a ver a las salas.

En este punto se plantea uno de los primeros nudos problemáticos: el del cine como arte y a la vez como negocio. Marc no está dispuesto a negociar un ápice el control creativo de su obra y la única solución que se le ocurre es huir del edificio con el material. Se internará junto con su equipo en la casa de su tía Denise (Françoise Lebrun) en un pueblito supuestamente para terminar la película.

A partir de allí se despliega el principal nudo de tensión, que gira en torno a la salud mental y la creatividad, porque Marc decide que va a dejar de tomar las pastillas que aplanan su energía y creatividad. El tema es que también se pierde en miles de proyectos paralelos que lo desvían de la película, cosa que sufren su editora Charlotte (Blanche Gardin), su ayudante de dirección Sylvia (Frankie Wallach), y el asistente para todo, Carlos (Mourad Boudaoud).

La comicidad se construye desde el disparate y un tono siempre en la cornisa pero que no cae nunca en la solemnidad —una se reirá toda la película y pensará que el protagonista es infumable y querible a la vez—. El libro de las soluciones crea un Marc que funciona bien en el mundo donde puede explorar las distintas ideas para llegar a buen puerto. Se intuye que en la realidad esto no habrá sido tan así —un poco por lo que mencionamos sobre el cine como negocio y otro poco, como dijo el mismo Gondry en una entrevista, porque no poder organizarse “hizo que la vida fuera un infierno para la gente que me rodeaba”—.

Será, entonces, un pedido de disculpas a lo Gondry y también un ars poética que refleja su idea de “pensar en el aparato que se inventó hace 130 años para generar imágenes en movimiento y en qué puedo hacer con él”.

 

7/10

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