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Notas

El balance del 2023, por Roma Tosi

Barbie:

La expectativa que generó esta peli fue nivel esperar el capítulo de Nafta Súper (2016) donde secuestran a Carozo y Narizota; una mezcla de nostalgia adulta y fervor infantil. Y devolvió mucho más de lo que prometió: un mundo de fantasía y una estética propias, efectos a la vieja usanza como hacíamos cuando jugábamos a las muñecas y una crítica al patriarcado y al capitalismo desde adentro y con sus juguetes. Después de Ladybird, Greta Gerwig demostró que no sólo es una directora mumblecore sino que puede producir mainstream comercial sin perder lo que la hace única.

 

Blondi:

la ópera prima de Dolores Fonzi como directora fue una de las historias más lindas que vi este año. Visibiliza la maternidad joven desde una óptica distinta, lo que no es una pavada, porque es mostrar que existen otras como vos y que más allá de las circunstancias, tu forma de vivir tiene validez para la sociedad. O sea, la peli no habla desde la estigmatización o el “cagarse la vida” sino desde la construcción de otro tipo de vínculos con el hijo y con el resto del entorno. Además, la pone en comparación con la vida de la hermana que hizo todo bien y en el momento debido y sin embargo… bueno, todos los vínculos y las vidas tienen sus complejidades. Full ternura y humor y cero golpe bajo.

Puan:

una peli que podría haber tenido más chances para los Oscar que Los delincuentes, en principio porque dura una hora y media menos y no es tan pretenciosa. Aquí aplica eso de “pinta tu aldea y pintarás el mundo” porque muestra el mundito de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA y las cosas que se replican como en todos lados: los juegos de poder y los otros capitales (simbólico, cultural, social), la competencia, la lucha por la supervivencia en el contexto de fuga de capitales e inflación, la vocación y el deseo. Todo esto desde el punto de vista de los profesores y con un tono para nada solemne sino en clave comedia —que en un país memero como el nuestro tiene mucho sentido—.

Cuando acecha la maldad:

¿qué características tiene el buen cine de terror argentino? En principio no copia tal cual fórmulas extranjeras sino que les imprime algo que tiene que ver con la identidad. En este caso, la posesión se trenza con leyendas rurales creando las entidades del “embichado” y del “encarnado” —y que a mí inevitablemente me resuenan con El Entenado, la novela de Saer y ese testigo/habitante de un mundo surreal y salvaje—. Otra característica, creo yo, es el trabajo con el siniestro, lo no dicho, las elipsis, aquello que se completa con la imaginación y los miedos, cosa que también provee esa entidad tan abstracta y ubicua como la maldad. Y esta peli en particular también te deja con una sensación de desesperanza implacable; quizás ésta sea la característica más argenta.

Dos manzanas:

fui a verla sin grandes expectativas y volví maravillada. Hacía poco había visto Napoleón (2023), una película también de época y también basada en acontecimientos reales que contó con mucho más presupuesto y más publicidad y me quedo toda la vida con la local. Un guión muy bien pensado y actuaciones que sacan chispas. Y lo hermoso del cine de echarle nafta a la imaginación: ¿cómo habrá sido el encuentro de Darwin y Rosas? ¿de qué habrán hablado? ¿qué habrán aprendido uno del otro? Sin esa gilada de atenerse a un realismo que haga hablar a Rosas en un inglés carlitostévez o a Darwin en un español anamáferreira. Todo lo que quieren las wachas.

 

Mis 5 peores pelis del año

Sonido de libertad:

Ay, qué decir que no haya despotricado ya en la reseña. Bueno, tal vez que mirá si habrá sido malaza la película que no tuvo ninguna mención o postulación a algún premio chiquito a pesar de todo el dinero que se invirtió en publicidad, en mantenerla en salas y regalar entradas para que figurara en los números como éxito de taquilla y demás lobbys como fhashear persecución.  Esta peli despliega la visión de la ultraderecha religiosa sostenida en un tema indudablemente repudiable, el tráfico de niños para explotación sexual. Pero lo hace como problema individual de algunos degenerados (y nunca de la familia, para qué la ESI); de redes de mafiosos latinos que entran a Estados Unidos sin colaboración de agentes yankis; de América Latina que provee por crédula y descuidada y no porque se la condene a la pobreza y a la falta de educación; y claro, como el problema es aislado y no del sistema, la solución es individual (el rambo religioso).

Hazme el favor:

¿Te acordás cuando Luciano Castro dijo que si lo hacía él —tocarle un brazo y decir “es de verdad”— iba preso? Bueno, ahí no era verdad, pero en el caso de esta película sí. Al realizador se le ocurrió que invertir los géneros en una situación de acoso iba a producir un efecto cómico. Pésima lectura de la época, Gene. Una mujer en sus treintis es contratada para hacer “debutar” a un chico antes de entrar a la universidad. Las partes graciosas ocurren cuando ella se ríe de sí misma y de su patetismo, pero están mezcladísimas con escenas donde se toma a la chacota el consentimiento en las relaciones sexuales y la posibilidad de los varones de mostrarse vulnerables y sensibles. Un fiasco.

Juego de brujas:

los mismos motivos que hacen a Cuando acecha la maldad una buena peli de terror argentina, hacen de esta otra una versión mala. A una chica le entregan un casco de realidad virtual de magia y empieza a jugar. Presenta una versión estereotipada de la bruja —rebelde, promiscua y alejada de la creencia religiosa de sus padres—, un pastiche estético entre gótico y medieval mal logrado y varios clichés como pociones de sapo y mucho delineador negro de ojos.

El duelo:

Una comedia romántica de acción argentina que malió sal. Furriel está desaprovechadísimo —un tipo que tiene un registro que va del cheto garca al empleado sumiso de El patrón, radiografía de un crimen (2015)— con un guión que le da a las acciones motivos caprichosos y no orgánicos. El tono de actuación de la China Suárez tampoco ayuda y en líneas generales no es una película para reírse, para enamorarse, ni para disfrutar una acción nunca vista (ninguna de las tres cosas que se plantea).

Venganza silenciosa:

Una de acción que no aporta nada nuevo al género y encima pierde una hora mostrándonos al héroe deprimido y escabiado porque mataron al hijo. Y dicho así parezco una insensible, pero tengo un punto: ese tiempo no sólo está plagado de lugares comunes que dificultan empatizar con el tipo sino que además vemos que su esposa (que también perdió un hijo) tiene que apechugar mientras tanto. El yeite del personaje mudo y un puñado de planos y montajes lindos no la salvan.

Mi decepción

Napoleón:

en sí la peli no es mala. Pero el resultado es una decepción si tenemos en cuenta que Ridley Scott está detrás de las cámaras y Joaquin Phoenix delante —y por todo alrededor una torta de plata en presupuesto—. Hay algo que se pierde —¿el foco? ¿el “alma”?— entre la proliferación de registros y momentos y las intenciones de desplegar visualmente las batallas, guardar cierta fidelidad histórica y presentar un personaje complejo, ambicioso y a la vez vulnerable. Además salís con el culo plano después de 2 horas 38 minutos.

Mi Sorpresa

Indiana Jones y el dial del destino: los de la generación x fuimos con miedo a ver como hacían mierda al personaje que marcó nuestra infancia. Pero no. La saga despidió más que dignamente al arqueólogo —mercenario, langa y pícaro pero de buen corazón—, sin lástima, sin convertirlo en una parodia de sí mismo. Los efectos por computadora para rejuvenecerlo se usan brevemente (y a efectos de mostrar el origen en el pasado de la trama del presente). Y no son horrorosos como otros que hemos visto en pelis de este mismo año y que se apoyaban mucho más en ellos. Indy está viejo, al igual que el modelo de héroe que representa (varón cisheterosexual que solo contra todos salva al mundo) —corta la bocha— y en lugar de tratar de mantener su hegemonía a toda costa, cede su espacio a la nueva generación.

 

 

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