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Review: La muerte de un comediante

La muerte de un comediante es la ópera prima de Diego Peretti como director, quien además encarna al protagonista: Juan Debré, un comediante que tiene un personaje principal, “Escorpión de la Justicia”, con el que se ha hecho muy popular en el país. Pero el pico ya va en descenso y le acaban de decir que “tiene todo el cuerpo tomado”. Con esa frase lacónica que sale del teléfono nos enteramos de su sentencia de muerte.

Ese comediante que intenta disfrazar su angustia con chistes gastados es interpretado con una mezcla de vulnerabilidad y cinismo. ¿O es que el comediante secuestró a la persona detrás? La narración en off nos cuenta que la construcción del “Escorpión de la Justicia” tiene que ver a su vez con otro personaje: Bombín, un personaje creado a su vez por un tal Monsieur Bickel (que no existe en nuestro mundo real).

En esta mamushka de personajes como las capas de la personalidad, Bombín y Escorpión están cerca de fundirse: el rostro imperturbable a la Buster Keaton y la ventaja de no dejarse llevar por las emociones. Pero ¿qué pasa con el comediante? La noticia claramente le genera sentimientos que no es capaz de expresar, sino a través de la acción: viaja a Bélgica en busca de una conexión con Bickel, el autor de su historieta favorita.

Allí la película se instala en el policial y la aventura, cuando el comediante conoce a tres jóvenes que están a punto de hacer algo muy peligroso. En este punto el guion se vuelve un poco pavote, ¿aunque quizás podamos hablar de un tono naif? No convence que un grupo de personas bastante organizado y consciente del problema que se estarían comprando si hacen lo que quieren hacer, de pronto confíe en un extraño.

En la misma zona de cuestiones a objetar está el tema del interés romántico del protagonista, una chica ostensiblemente menor (cosa que casi no da bronca sino que aburre a esta altura). Está bien la creación de universo focalizado en los fanáticos de la historieta de Bombín y su autor, pero por momentos ciertas elecciones se vuelven más pretenciosas que constitutivas.

En suma, como ópera prima es jugada, con fuerte tendencia al género, y además tiene una buena producción. Pero quizás, como Modigliani de Johnny Depp, el reconocimiento como actores de los directores pueda encender expectativas que no termina de cumplir

6/10

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