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Review: Simón de la montaña

Hoy también estrena en cines Simón de la montaña, la obra debut del director argentino Federico Luis, quien se mandó con todo a explorar una serie de preguntas existenciales que buscan respuesta en varias capas de sentido: ¿quiénes somos sin las etiquetas que nos asignan? ¿Podemos ser más allá de las etiquetas? ¿Constituye la falta de una etiqueta una invisibilización social?

En la primera escena vemos a Simón (el talentosísimo Lorenzo Ferro), contestar otra serie de preguntas, del orden de lo pragmático: ¿sabés hacer la cama? ¿sabés cocinar? ¿sabés manejar? Las respuestas están estipuladas si quiere ser etiquetado como discapacitado; no puede saber hacer esas cosas. Paradójicamente, quien lo entrena para responder es su amigo Pehuén (Agustín Toscano), que sí tiene una discapacidad.

El eje de la película, aunque recorre ese camino paralelo, no es la simulación de Simón o el engaño, sino el vínculo con el grupo de jóvenes que van a la escuela especial y su necesidad de pertenecer. En Pehuén, Simón encuentra un amigo sincero y también un espejo a través del cual explora sus propias limitaciones y las que le vienen desde afuera con su etiqueta de persona sin discapacidad.

¿Por qué una torpeza es en un caso un incidente en el proceso de aprendizaje y en otro una estupidez imperdonable? ¿Por qué su acercamiento a Pehuén o a La Colo (Kiara Supini) está cubierta, para los otros adultos, por un manto de sospecha? ¿Es lo mismo etiquetar que conocer? El director utiliza los vastos paisajes patagónicos para reflejar estos dilemas inmensos.

Simón vive entre el mundo de los jóvenes con los que va al club, a los fichines, a jugar a los acantilados y con los que comparte la exploración constante por un lado; y por el otro, el mundo de los adultos en el que no hay lugar para el goce, la equivocación o incluso para mucha ternura. La figura de Simón es la del ermitaño obligado: cumplir con las expectativas puestas en él por la madre y el padrastro, es una condena a la soledad de las montañas, la represión de su sensibilidad.

Hay otra posibilidad: obtener el certificado de discapacidad significa igualmente renunciar a una parte de sí. La pregunta se extiende a los espectadores: ¿se puede ser completamente auténtico y, a la vez, ser aceptado? ¿O la autenticidad solo nos lleva a una soledad ineludible? Simón de la montaña es de esas pelis que te mueven cosas adentro, te invita a mirar más allá de las apariencias y a considerar la profundidad de los vínculos humanos.

9 / 10

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