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Review: Cielo Rojo (Gigantes de Metal)

Llega a los cines la película Cielo Rojo (Gigantes de Metal), dirigida por Marcelo Leguiza y presentada por la productora Morbo, que es, según el mismo director, la segunda entrega de una trilogía centrada en las «corporaciones». En este caso, la película de terror trata sobre la industria farmacéutica, de la que la protagonista, Bianca (Noe Antúnez​), de alguna manera ha sabido bastante desde su niñez.

Ella trabaja en una empresa de secretarias virtuales que se contratan por día —un negocio que si todavía no existe, en breve a algún inescrupuloso se le va a ocurrir—. Claramente las condiciones y el pago en ese trabajo no son buenos, porque ella acepta realizar un pedido fuera de las reglas durante su horario de almuerzo a cambio de una suma extra.

El motivo remanido del género, el de la mujer joven y bonita que se mete donde no se tiene que meter, se entendería mejor si se remarcara la necesidad de dinero y no pareciera el capricho de la boba de ponerse en peligro. Pero bueh. Esa acción es necesaria para que Bianca sea secuestrada y suframos con ella el encierro y las torturas extrañas a las que es sometida junto a otra chica.

Es que el captor (German Baudino) les inyecta un líquido diariamente y las obliga a accionar un aparato que no se sabe qué función cumple. Él dice que eso las fortalecerá y que estarán preparadas para la venida de los gigantes de metal, a diferencia del resto de la humanidad. La narrativa se va enturbiando y espesando aún más una vez que logra escapar, cuando al aparente efecto del líquido se suman otras cosas.

A saber: la opinión pública, que ve en ella a una “mala víctima” que no llora, no se escapó antes, se puso en peligro y tiene antecedentes de enfermedades mentales; los medios de comunicación que la acosan por una primicia; la policía que para protegerla la persigue como si ella fuera culpable; y una madre que entiende menos de empatía que Adorni.

Así, Cielo Rojo (Gigantes de Metal), envuelve al espectador en una narrativa deliberadamente confusa desde los flashbacks a la infancia hasta el último minuto. Dudaremos con la protagonista acerca de la realidad y haremos conexiones más simbólicas que de causa-efecto. Una película no apta para quienes busquen una trama transparente y lineal y sí para quienes aman flashear la propia.

 

7 / 10

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