Cargando...
Reviews

Review: Procopiuk

Procopiuk, documental dirigido por Diego Lumerman, realiza una semblanza de la obra de Carlos Procopiuk, figura emblemática y prácticamente desconocida del cine patagónico. Cuenta el director, otro patagónico que estudió en Buenos Aires y volvió a sus pagos, que filmando en una zona del interior neuquino bromeó con que debía ser la primera vez que se se registraba en fílmico ese lugar. Sin embargo, como quien cuenta una leyenda, los lugareños le contaron de Procopiuk.

Un tiempo después se abocó a la búsqueda y recuperación de un material de archivo impresionante, olvidado y poco reconocido, de quien filmó durante más de 50 años en la provincia, creando un híbrido de documental, cine comunitario y ficción fantástica. Lumerman nos cuenta a través de los testimonios de amigos y colaboradores que Procopiuk, filmando a como diera lugar, desafió las limitaciones del entorno y de la época.

Pero sobre todo, la narrativa se construye a partir de fragmentos del material audiovisual rescatado. De este modo, el personaje narrador cuenta-cuentos de El pozo de los sueños (1975), se presenta como leit motiv que reaparece, mostrando la vocación de contar su lugar en el mundo a través de los paisajes, las historias, los grupos humanos, las tradiciones, las ceremonias. Un leit motiv que nos dice que el cine es identidad.

Lumerman utiliza planos abiertos y una banda sonora original que evocan el silencio y la inmensidad del paisaje, destacando cómo Procopiuk encontró en estos escenarios desérticos una fuente de inspiración y un refugio para sus historias. La cámara captura un mundo que parece ajeno para el cine comercial, pero que es palpable y familiar para aquellos que habitan estos lugares.

En este sentido, la película no solo rescata a un cineasta olvidado, sino que se plantea como un acto de resistencia cultural. Y de alguna manera sobrevuela una pregunta: ¿qué otros talentos quedaron ocultos por las distancias geográficas y la falta de recursos, por el centralismo porteño? Quizás la respuesta podría invertir el peso de la pregunta y destacar los trabajos pendientes para descubrir los tesoros del cine regional

Con una mirada que no busca amojonar de fechas ni hacer hincapié en la vida personal, sino plantar la existencia de una obra y un legado, el documental Procopiuk intenta, en cambio, azuzar en los jóvenes cineastas “el fuego sagrado del hacer”. Y es que Lumerman mismo parece tener esa chispa encendida: terminó un documental híbrido sobre el origen del Nahuelito y también hizo una serie de ficción en El Chocón. Claro que todo esto es posible gracias a residencias como la Raimundo Gleyzer y subsidios del INCAA, de los que participó. Si no, ¿de qué otro modo podríamos conocer estas historias?

8 / 10

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *