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Review: Vladimir

Este jueves llega a las salas Vladimir, un thriller argentino que lleva el nombre del personaje protagonista, un artista plástico interpretado por Daniel Aráoz. El director y guionista Martín Riwnyj nos contó que la película llevó varios años de producción —como casi todas, al menos en Argentina—, en ese derrotero de presentar el proyecto y conseguir financiación —porque sí, hacer cine es muy caro, aún acá en Argentina, donde se le pone más polenta que plata—.

La narración comienza con la voz en off de Vladimir hablando sobre el demonio, mientras la imagen se desliza en planos detalle sobre cuadros con inquietantes pinceladas negras. El monólogo podría tomarse tanto en sentido literal como metafóricamente podría hablar sobre la inspiración. Sobre esa ambigüedad planteada desde el comienzo se construirá el resto del relato.

En este sentido, el thriller funciona bien porque está bien construido. Sin embargo, los personajes son bastante estereotipados y la percepción del mundo del arte en el que se mueven, plagada de lugares comunes. Así, Vladimir es un pintor solemne, el galerista (Marcelo Melingo) es un snob; la musa Margot, una trabajadora sexual sensible (Mariela Pizzo); y la esposa joven y promiscua Mora (María Eugenia Rigon) quien se adivina que fue en su momento algo así como una groupie.

No hablaré de la perspectiva absolutamente chonga de la historia porque ya con las últimas caracterizaciones queda expuesta. Completan el círculo íntimo del pintor el policía Pereda (Carlos Belloso); Francis (Germán Baudino), el amigo que se hace el franchute; y Raulito (Enrique Dumont), una especie de bufón del grupo.

De la escena inicial volvemos con un flashback a una reunión en un bar. Vienen del velorio de Raulito y lo que sucederá luego —el rumor de que Vladimir tuvo algo que ver con esta muerte, que algunos no puedan comunicarse con Margot y la recuperación del artista de la inspiración para pintar después de un bloqueo—, llegará nuevamente al momento de la escena inicial para finalizar.

En resumen, Vladimir es un thriller bien construido. No es muy novedoso en cuanto a recursos discursivos, personajes y descripción del mundo, pero funciona bien. Por momentos se nota que los diálogos cumplen la función de decir cosas que la narración muestra —por ejemplo, que Vladimir y Margot se conocieron cuando ella era muy joven y él ya un hombre adulto—. Pero bueno, esas observaciones tienen que ver con la vara alta que tiene el cine argentino y que debe seguir siendo apoyado para existir.

 

6/10

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