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Review: Aguas Siniestras

Aguas Siniestras (Night swim) llega con mucha expectativa a la pantalla grande, ya que se trata de la primera entrega en colaboración de dos productoras de terror con bastantes éxitos en su haber. Blumhouse, con la reciente M3gan y la saga Actividad paranormal, mientras que Atomic Monster lo hace con El conjuro y El juego del miedo. Asimismo, esta película se basa en un corto del propio director, Bryce McGuire.

Y si el corto funciona con el mismo personaje desdoblándose por un instante al verse ahogada afuera de la pileta para después desaparecer, la película presenta un origen, una historización y un mecanismo bastante clásicos. Sin embargo y a pesar de no tratarse de aguas abiertas sino algo tan circunscripto como el agua de una pileta, logra meter un par de escenas de miedo —no más—.

Aguas siniestras juega con la ambigüedad apenas los segundos en que emerge un bote del agua para abrir el plano y mostrarnos que se trata de uno de juguete al prenderse la luz nocturna de la piscina. La niñera insiste en que puede quedarse un poco más a cuidar a los niños y una madre a través de una puerta cerrada le dice que no. Entonces una nena se despierta, ve el bote y se asoma a decirle al hermano postrado que se lo va a recuperar.

La tragedia es la esperada: la nena se acerca a la pileta y algo la chupa. Pide ayuda desde adentro de la pileta. Nadie hace nada. Corte a otra escena. Conocemos a la familia Waller, que está buscando casa. El padre, Ray (Wyatt Russell) es una estrella de béisbol reciente pero debido a una enfermedad degenerativa tiene que retirarse y le vendría bárbaro para hacer terapia la pileta de la casa que le están mostrando.

Al principio todos disfrutan de la pile… aunque un par de cosas cada vez más graves le pasan en ella al hijo primero (Gavin Warren) y a la hija (Amélie Hoeferle) después que hacen que ya no se quieran meter al agua. La madre (Kerry Condon) es la única que le da bola al asunto. Mientras tanto el padre empieza a dejar el bastón y mejora. Tú lo sabes, yo lo sé. Bueno, cuando el incidente es con la madre, cantamos bingo.

Como dije, hay un par de sustos, un personaje que le cuenta todo-todo a la madre —falta que le haga un croquis— y un final medio pavote porque qué puede hacer una si el objeto maldito es una pileta, ¿no? Nada que haga colgar la malla este verano.

 

4/10

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