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Review: Anatomía de una caída

Anatomía de una caída es una película francesa excelente, que en la forma de un drama o thriller judicial trata con una sutileza increíble cómo se construye —y disecciona— la intimidad de una pareja (y aún de una persona), si hay algo a lo que podamos llamar “la verdad” y además devela los prejuicios arraigados en toda la sociedad acerca de los roles de género.

La película comienza con una entrevista: una escritora consagrada responde preguntas de una estudiante de posgrado. La mujer está relajada, toma una copa de vino e invierte el flujo de las preguntas hacia la chica, quien en un primer momento intenta grabar, aunque la música fuerte se lo impide —el marido ha puesto la música al mango mientras trabaja en el ático—. Se pospone la entrevista y entonces confluyen varios pequeños hechos: la escritora despide a la chica desde el balcón del primer piso de la cabaña, el hijo discapacitado visual sale a pasear con su perro guía y el cuerpo del hombre cae un rato después.

Veremos cómo la investigación ubica a Sandra (Sandra Hüller) como sospechosa del asesinato de su marido Samuel (Samuel Theis) y luego presenciaremos el juicio. Allí se hará patente que los juicios, lejos de la pretendida imparcialidad, son en realidad la lucha de narrativas distintas y que no siempre lo que inclina la balanza es la verosimilitud de la prueba sino el énfasis o incluso el género de quien las represente.

La mujer en el estrado no es complaciente ni tiene como prioridad la maternidad ni el matrimonio sino su carrera; además es bisexual y ha sido infiel. Y si esta enumeración en frío no determina la culpabilidad, vamos a ver que la va configurando, porque si ella ocupa el lugar que tradicionalmente se le asigna al varón, ¿acaso él es un dominado, un pobre tipo, una víctima?

Además, ¿te preguntaste qué interpretaría alguien ajeno a tu vínculo y a la situación puntual si escuchara una discusión con tu pareja? ¿se puede reconstruir toda una relación con algunos rastros fragmentarios y caprichosos? Una carta, un audio, la idea que tiene de vos el psicólogo de tu marido, un pasaje de una novela que publicaste. Y todavía más, ¿si esa interpretación se convirtiera en prueba de culpabilidad o inocencia?

Todo esto con el ojo preciosista de la directora Justine Triet, que recorre la cabaña siguiendo al perro, se mete en la pantalla que reproduce un video del marido o recorta a los asistentes al juicio demostrando que afuera de plano está la sociedad completa. Para seguir encontrándole cositas como que el principal testigo sea el hijo prácticamente ciego o que Sandra esté obligada a defenderse en un idioma que no domina o que pueda hacerse un contrapunto con Anatomía de un asesinato (1959).

 

10/10

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