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Estreno de la semana: El exorcista: creyentes

El exorcista: creyentes retoma cincuenta años después (y laxamente), la original de 1973. Y como suele suceder con algunos negocios de la industria cinematográfica, ya se planificó en tándem: dos películas más completarán la trilogía de este nuevo turno.

Pero volvamos a ésta. Dirigida por David Gordon Green —quien en 2018 se le animara también a la secuela de Halloween—, pasa por varios momentos con resultados bastante desparejos. El inicio es muy prometedor: nos encontramos en Haití, lugar de arribo de Colón en su primer viaje a América. Y una se imagina que con semejante historia de colonialismo y resistencias y de sincretismo religioso, se viene algo que romperá los moldes de la franquicia.

Los Fielding caminan por las calles de Puerto Príncipe; Víctor (Leslie Odom Jr.) —fotógrafo de profesión—retrata con su cámara la vida local mientras su esposa curiosea el mercado, charla con los niños que la revolotean como la novedad que es, y se deja llevar a la casa de una religiosa que le hace un ritual de protección para su beba pronta a nacer. En esta primera secuencia sabemos que él no es una persona creyente y que ella regresará al hotel para descansar.

El dato del año (2010) que apareció junto con el de la ciudad, se nos hace patente cuando sucede el terremoto. Víctor logra llevar a su mujer en grave estado al hospital y en la secuencia siguiente nos enteramos que ha criado solo a su hija Ángela (Lidya Jewett)—quien ya es una preadolescente con mucha necesidad de conectar con la historia de su madre, cosa que a Víctor le sigue resultando doloroso—.

La segunda parte nos muestra a Ángela y a su amiga Katherine (Olivia Marcum) yendo al bosque a practicar un ritual para comunicarse con la madre, la desaparición de las chicas, la búsqueda y la reaparición tres días después sin registro de lo que pasó, pero con signos de posesión demoníaca, que el racional de Víctor termina aceptando. La tercera parte es la del exorcismo y es la más floja de todas.

Porque si el montaje de la primera parte era jugado —múltiples e inusuales puntos de vista de la cámara, planos detalle y los edificios rajándose como un vidrio—, y el manejo del suspenso en la segunda te mantiene crispada, en el tercer momento la peli se desinfla.

No sé si por los planos abiertos para mostrar toda la habitación y la colaboración de especialistas de varias religiones. No sé si porque no se quiso innovar más allá de esto, del doble exorcismo y la referencja a la ciencia—con una enfermera laica y aparatos de monitoreo vitales—para ir a lo seguro que supuestos espectadores reclamarían… No sé. La cosa es que podría haber sido una gran película de terror y renovar la propuesta y en cambio se limitó a cumplir —incluida una conexión medio random con la peli de 1973 a través del personajes de Chris MacNeil (Ellen Burstyn)— lo que, como diría Guido, está mal pero no tan mal.

 

6/10

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