Los ojos del abismo es una película argentina de terror, misterio, quizás un thriller. Pero lo que es seguro es que rápidamente genera intriga y enganche y una identidad nacional muy marcada. La primera escena es así: una mujer se despierta en un barco militar sola, rodeada por los cadáveres de la tripulación, un perro con la camiseta de fútbol argentina y una puerta cerrada a la que el perro le ladra.
Poco a poco va sumando indicios importantes para comprender su situación: la chapita con el nombre le indica que se llama Inés (Verónica Intile) y una foto la muestra junto a la tripulación fallecida; ellos eran sus compañeros. En su camarote vemos un radiograbador, un walkman, un cassette de Queen y un ejemplar revista Gente que tituló “Vamos ganando la guerra” durante Malvinas.
Comentario aparte merece que hace apenas unos días se hiciera la reunión para fotografiar a los personajes del año para esta misma revista, entre cuyos invitados estuvo Bullrich, la saliente ministra de seguridad. Perdón por lo politizado del comentario, pero la película también lo es, no en el sentido partidario sino en el de tomar postura frente a un capítulo de la historia argentina que hoy se pretende soslayar.
En este sentido, Los ojos del abismo constituye una apuesta jugada por la temática y la posibilidad de no estar a la altura. Pero lo está. Daniel de la Vega, el director, resuelve una historia compleja en el interior de un barco y con pocos actores: una genialidad. De este modo, la puesta en escena de la armada británica se muestra a través de cinco personajes: cuatro soldados y una científica que ingresan al barco. En cambio, no ahorra en crudezas.
Para eso, la actuación de Intile es de lo mejor: nos somete a la desesperación de su Inés sin memoria, confundida, con miedo, su Inés capaz de la ternura con el perro, de la compasión con la científica y también de la furia. Nos hace experimentar con ella el instinto de supervivencia y, acompañando al guion logra condensar el trauma bélico y las heridas históricas que aún se sienten en la memoria colectiva.
No obstante, el guion falla en sostener los mecanismos de lo sobrenatural, la pronunciación de los actores que hacen de británicos es despareja, los planos abiertos del exterior del barco se ven bastante feos y algunas otras cositas son criticables. Sin embargo, en la balanza pesan más la honestidad, la apuesta, lo identitario, y ese seguir metiendo el dedo en la llaga para no dejar que las narrativas oficiales se vuelvan la únicas.
8/10
https://www.youtube.com/watch?v=gP87iEu7pz0