Hola! Chau es una película israelí dirigida por el argentino Jorge Weller, quien emigró en 1978 a Israel y desde entonces dirigió también All My Loving (1985), Salsa Tel Aviv (2011) y Love in Suspenders (2018). No voy a mentirte, Marge, la película es mala. Pero vale la pena detenerse a pensar por qué, y también qué dice —voluntaria o involuntariamente— sobre el contexto político y cultural que la rodea.
En 1988, diez años después de dejar Argentina, Weller volvió a ver a su familia. A partir de allí, realizó un documental y ahora, esta película ficcionada. El protagonista, Marcelo (Pablo Rosenberg), es un director de cine que vive en Israel y trata de grabar un video promocional para dar cursos de realización audiovisual. Desde ese inicio torpe, la cotidianidad empieza a filtrarse sin demasiada sutileza.

Es que en la misma casa convive con su mujer, sus hijos, el yerno y el nietito bebé, además de la suegra, la cuidadora de la suegra y la mascota, un perrito que se sube a la mesada de la cocina. El dispositivo parece armado para generar comicidad. Sin embargo, lo que se impone es una naturalización inquietante de la ocupación israelí, un humor vetusto y una acumulación de conflictos narrativos poco trabajados.
Al problema habitacional —que la película roza sin cuestionar, pese a su peso político real y su uso instrumental para justificar desalojos de palestinos— se suma un giro forzado: desde Argentina, la hermana de Marcelo le avisa que viajará a España y que, de paso, le enviará al padre ciego y a Gabi (Coral Malz), otra hermana con retraso madurativo. Marcelo recibe la noticia en un colectivo y debe pedir que le sostengan el celular a reservistas que viajan sentados alrededor de él.
El gag cierra con una de las reservistas completando en español la puteada que él acaba de decir. La presencia militar israelí en la cotidianidad se refuerza con el hecho de que su hijo está haciendo el servicio militar. Cuando Gabi recién llegada piensa que su sobrino se va “a la guerra”, el hermano la tranquiliza explicándole que es un por las dudas. En paralelo, chistes sobre la esposa que no quiere coger con él, él insistiendo aún después de que ella se dio vuelta en la cama…
Hay chistes sobre división de las tareas domésticas y frustraciones laborales tratadas de una manera que quizás en los ochenta era un plato. Las decisiones inconsultas de Marcelo —como buscarle a Gabi un hogar en Israel para que se quede— parecen un problema de guion (Elisa Dor), pero son orgánicas con el personaje egoísta y torpe ―coherencia no es la vara―. Tal vez sea de interés en ciertos espacios donde la experiencia del emigrado en Israel genere identificación.
5/10