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Series: Tafí Viejo

Tafí Viejo es una nueva serie argentina para maratonear a partir del 9 de octubre y para ver a la vieja usanza durante noviembre en Canal 9. Se trata de una producción independiente que en este contexto especialmente complicado para la industria audiovisual, logró desarrollar un producto de calidad, con identidad, y colocarlo en una plataforma y un canal de tv, adaptándose a las demandas y los nuevos modos de consumir de las audiencias.

Decir todo esto ya es mucho, pero no habla nada del género ni de la trama: hay una narrativa romántica clásica que la enmarca. Se trata del amor entre dos personajes de clases distintas, pero con la inclusión de muchas otras problemáticas y conflictos específicos de la actualidad argentina y de Tucumán en particular. En las primeras escenas conocemos a Ana (Laura Grandinetti), quien regresa a su ciudad natal desde Buenos Aires.

En el camino, las vistas de la ciudad desde el auto, el ingreso al camino de tierra y al campo de limones y el saludo con los trabajadores, nos van describiendo a ese otro personaje omnipresente que es el paisaje. El interior de la estancia, por el contrario, nos muestra un hogar de dinero con muebles artesanales estilizados: una estética limpia, con una identidad algo lavada.

Ahí llega Ana después de cuatro años de estar en Buenos Aires estudiando abogacía. La han llamado porque el negocio familiar tiene problemas y, según el padre (Luis Machín) y el hermano, la única forma de pagar a los empleados y cerrar prudentemente, es vender. En la decisión que debe tomar se trenzan el recuerdo de la madre muerta, el vínculo con los empleados a quienes conoce desde chica, la culpa por haberse ido y la presión familiar.

En esas circunstancias, Ana conoce en el Festival del Limón, a Mauro (Emanuel Rodríguez), un chico de clase trabajadora que sueña con abandonar la ciudad y probar suerte en Europa y que se da cuenta que, en el contexto actual, aún trabajando a destajo, no lo logrará. En este punto es donde el trading, la explotación, los reclamos laborales y las prácticas mafiosas patronales hacen ebullición.

Así, Tafí Viejo, dirigida por Eduardo Pinto, funciona en sus primeros capítulos como un vehículo de identidad con la excusa de una historia de amor. En el medio, flashbacks que muestran el desguace del país: las vías abandonadas y el taller ferroviario casi fantasma, testigos de la pérdida de trabajo y la dificultad de vislumbrar un futuro, marcas en el paisaje cotidiano. Prometedores capítulos que ojalá puedan sostener su ritmo y la promesa de complejidad que plantean.

8/10

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