Dirigida por Juanjo Pereira, estrena esta semana Bajo las banderas, el sol.
Tras la caída del dictador Stroessner en Paraguay, luego de 34 años en el poder, queda una sociedad marcada por la desidia y las desapariciones. Sin estar seguros de si llegará la democracia (ni que estabilidad tendrá), el pueblo paraguayo irá descubriendo todo lo que no sabía de aquellos oscuros años.

En primer lugar, quiero destacar la decisión de construir la película únicamente con material de archivo. Me resultó maravilloso el montaje y como construye sentido. El director elabora, parafraseando la sinopsis oficial, un relato tragicómico. Esas piezas audiovisuales que aportaron medios extranjeros (entre otros) componen un relato del dolor, pero también del patetismo.
Otro punto para resaltar es el trabajo con el sonido. Hay un hincapié en los silencios, como si la presencia o ausencia de ruido fuera una verdadera partitura que nos convoca a sentirnos de determinada manera.
Por otro lado, es interesante ver los paralelismos de época. Hay un gesto constante de traernos a colación el presente, sobre todo al escuchar los discursos de Stroessner llamando a sus opositores “comunistas”. Bajo las banderas, tampoco hay nada nuevo.
En la misma línea, me resultó interesante que el documental tuviera una visión global del asunto; incluyendo la relación de la dictadura paraguaya con las demás de la región. Habiendo un desfile de caras y nombres lamentablemente conocidos por todos como Jorge Rafael Videla o Augusto Pinochet. Para lograr amalgamar este punto, se elige acertadamente poner la lupa en la Operación Cóndor. En pocas películas documentales pude observar que se trajera esto a colación sin que quede en un segundo plano, de forma anecdótica. Por lo contrario, lejos de salirse del eje principal, se entiende que se trató de un plan organizado y no de una mera casualidad.
En conclusión, recomiendo Bajo las banderas, el sol a todos; especialmente a los que no estén interiorizados en el tema.
9/10