Drama y romance, protagonizada por Andrew Garfield y Florence Pugh: El tiempo que tenemos. Dirigida por John Crowley.
Almut (Pugh) y Tobias (Garfield) se conocen fortuitamente. Tras empezar a enamorarse, la noticia de una enfermedad los golpeará como pareja y como personas. Disfrutarán del tiempo que les queda juntos intentando sortear las angustias y dificultades de lo que viven.

En primer lugar, la historia está narrada de forma no lineal cronológicamente. Esto quiere decir que vemos pantallazos aleatorios de sus vidas. Es una buena decisión, la trama se haría bastante pesada si viéramos paso por paso el tránsito de la enfermedad. Además, se convierte en una montaña rusa de emociones. Pasamos de escenas muy emotivas, a otras de gran angustia en un abrir y cerrar de ojos, lo que genera un ritmo interesante.
En la cuestión del elenco, los protagonistas son los que más destacan claramente. Hay muchos personajes secundarios, pero ninguno parece cobrar protagonismo. Habría que aclarar que la excepción es Jade (Lee Braithwaite) que cumple el rol de asistente de cocina de Almut. Su personaje logra contraponerse muy bien al dramatismo de la situación de su jefa.
Volviendo a Garfield y Pugh, ambos tienen roles apuntados a públicos muy específicos. No es algo malo de por sí, quizás un poco estereotipado nada más. En el caso de Tobias es muy claro que es el bueno del que vamos a sentir pena desde el inicio. Por el otro lado, Almut opera como la complicada, con la que tendremos sentimientos encontrados. No es necesariamente en detrimento de la película que algunos personajes sean unidimensionales para equilibrar la disparidad de género que hubo en toda la historia de Hollywood, pero ¿para qué? Los dos podrían ser bidimensionales. De cualquier manera, Andrew y Florence nos hacen emocionar y su química sale de la pantalla.
Por último, lo que terminó de convencerme fue su humor. Es difícil incluir chistes en este tipo de historias y que sean realmente graciosos. Es el doble de difícil incluir chistes de confianza de una pareja sin que den vergüenza ajena. El guion esquiva ambos problemas, hasta en los momentos más duros podemos reírnos, y conocemos su intimidad sin incomodidades.
En conclusión, El tiempo que tenemos es una gran opción para los que necesitamos alguna lloradita con una película cada tanto. No recomendable si no les gustan las historias desordenadas cronológicamente y el drama.
7/10