La sombra del comandante comienza y termina en el desierto de Judea. Un gesto sutil que me dejó pensando y al que volveré al final de la reseña. Por ahora diré que la película está construida a partir de testimonios, es una memoria del holocausto que se desplaza adentro y afuera del campo de concentración y exterminio más grande que montaron los nazis: Auschwitz.
En el desierto, Kai Höss se presenta como el nieto del mayor asesino en masa de la historia: el comandante Rudolph Höss, a cargo de Auschwitz. En conversación con su padre intentará profundizar en el trauma que le genera el apellido y la historia familiar —en ellos recaen no solo episodios individuales sino el horror colectivo—. Sin embargo, su padre, Hans Jürgen, guarda un buen recuerdo de la casa y de la infancia distantes apenas unos metros de las cámaras de gas.

La cineasta acompañará a padre e hijo en una serie de charlas, observación de fotografías y visita a sitios conmemorativos. De la mano de su hijo pastor religioso, Hans Jürgen comenzará a unir ese recuerdo blindado de la infancia feliz, el padre dedicado y la madre inmaculada con los actos profusamente documentados —el director del centro de concentración llegó a escribir un libro mientras aguardaba el juicio, donde exponía secretos constructivos, búsqueda de eficiencia en el exterminio y anécdotas personales—.
Paralelamente, la historia también busca la elaboración del trauma y las cicatrices del otro lado: Maya es hija de Anita Lasker-Wallfisch, una sobreviviente del campo. Maya prepara su mudanza a Alemania porque plantea que ése es el lugar donde debería haber nacido de no haber ocurrido el Holocausto. En las charlas entre ellas quedará claro que para Anita no sólo Auschwitz simboliza el horror sino toda la vida previa en Alemania.
Porque fue Alemania en su conjunto, aún los padres dedicados, los que vieron en las ideas nacionalistas de derecha la salida de los problemas y el progreso. Aún los padres dedicados fueron los ejecutores más diligentes del exterminio de otros alemanes. En este sentido, la película muestra momentos incómodos, charlas que se quedan cortas cuando los cuatro se reúnen. Porque, ¿hasta dónde alcanzan las palabras?
Y sin embargo insistir en la memoria se vuelve necesario en estos tiempos en que gana las elecciones parlamentarias la extrema derecha en Alemania y cuando —volviendo al desierto de Judea— un estado israelí que promueve la violencia contra palestinos y ejecuta ataques sistemáticos contra civiles, tilda de antisemitismo las denuncias contra este horror.
6/10