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Review: Arthur

¿A Mark Wahlberg también le habrá aumentado el costo de los servicios y por eso se lanzó a coprotagonizar Arthur? Teniendo en cuenta que no le tembló el pulso en el pasado para rechazar una segunda parte de Los infiltrados (The Departer), es una hipótesis potable. Pero bueno, sea por lo que sea, aquí hará el papel del deportista sueco Mikael Lindnord —transmutado a un yanqui, porque cómo vamos a empatizar con un tipo que no tiene los problemas de cualquier tipo blanco de clase media en EEUU—.

El personaje humano se nos presenta por un flashback a su última competencia, donde sin tener ningún tipo de cuidado por su compañero desvanecido, insiste en continuar la carrera arrastrando un kayak a través del barro. Otro compañero lo fotografía en el momento en que se hace evidente que perdieron y luego los likes que continúan sumándose nos traen al presente.

A esta transmutación del personaje se le suma este issue: a pesar de tener una flor de casa en las montañas, estar casado y tener una hija con su compañera de equipo y trabajar con su padre, el tipo necesita participar de una última carrera para retirarse ganador y que el recuerdo que quede de él no sea el de quien encajó en el barro a sus compañeros. Como conflicto que mueve la trama me hace bostezar.

Pero luego vendrá toda la parte de convencer a los sponsors de que pongan plata, a los otros compañeros de que se sumen a su equipo y a su mujer. Ah, no, pará, la esposa le dice que sí, que de una, que use los ahorros familiares para tratar de reparar su ego herido —no sé por qué no me extraña que el guión lo haya escrito un hombre—. Toda esta parte también es un embole. Lo mismo que la presentación del otro protagonista, el perro, que aparece fugazmente y casi como una parte más del paisaje de República Dominicana, adonde recién muchos minutos de película más tarde se encontrarán durante la carrera.

Se trata de una competencia en equipo que involucra múltiples disciplinas (ciclismo, canotaje, escalada) en un entorno natural —que del Ecuador original trasladaron a República Dominicana en el film—. Y la gracia de la historia es que el perro callejero les sigue en esta ruta extrema y al capitán esto lo enternece y lo adopta como parte del equipo.

Ahora bien, ¿qué nos deja esta película? Un par (dos) escenas de tensión: cuando cruzan en tirolesa y se les traba el mecanismo y cuando tienen que regresar por el perro para que no se les ahogue. Pero fundamentalmente, que es más fácil conectar con un animal que con otras personas y que la vida es mucho más sencilla si tenés plata. Para ver un domingo al pedo en alguna plataforma.

4/10

 

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