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Review: Mi amigo Robot

¿Sueñan los androides con vínculos sanos? Mi amigo Robot (Robot dreams) contesta esta pregunta con una historia simple y chiquita de dos seres distintos que experimentan la dicha de encontrarse en medio de ese mar de soledades que es la ciudad. Sin embargo, la simpleza de la trama es el vehículo para la complejidad emocional desplegada con algunos recursos que son una bocanada de aire fresco frente a la animación mainstream.

Porque sí, Mi amigo Robot es una peli de animación 2D sin diálogos, banda sonora jazzera, un trabajo de planos muy inteligente y montón de referencias cinéfilas para los mayores. Basándose en la novela gráfica de Sara Varon, el director Pablo Berger —quien llamó la atención con Blancanieves (2012), muda y en blanco y negro— amplió el universo multicultural de la Nueva York de los ochenta hasta convertirlo en un personaje más.

En la ciudad poblada de animales antropomórficos de todos los lugares del globo, Dog juega al atari y se calienta para la cena una de las cajitas de macarrones con queso que apila en la heladera. No puede caretear que se siente solo; encima en un departamento que alcanza a ver desde la ventana, una pareja mira la tele y se abraza. Entonces decide pedirse un robot para que le haga compañía.

El vínculo que los une, que el título traducido interpreta como amistad podría ser de pareja que lo mismo da: la pasan bien juntos, se acompañan, son cómplices. Pero en una visita a la playa, Robot se queda sin batería y Dog, por más que lo intenta, no lo puede desencajar de la arena. Es el último día de la temporada y ahí la playa cierra con rejas y un guardia gorila que impide el reencuentro hasta que comience la próxima temporada.

Y acá es donde los adultos podríamos empezar a lagrimear, porque a los niños de los ochenta nos vendieron que el amor es lo único que importa, y la verdad que no. A veces por más pila que le pongas no se puede, no hay una pelea pero igual te vas por otros caminos, ganan las circunstancias. la vida es compleja y hay que decir, como canta Calamaro “buena suerte, compañero” —si me fui muy al chori me avisan—.

Pero es que con el objetivo modesto de contarte una historia sin estridencias, Mi amigo robot crea una mirada tierna y realista de los vínculos, sin negar la melancolía ni los dolores. Quizás sea ése uno de los motivos que llevó a esta producción francesa-española a poner pie en los Oscar para pelearle a los pesos pesados de El niño y la garza (de Hayao Miyazaki y producida por Studio Ghibli), Elementos (de Disney y Pixar), Spider-Man: A través del Spider-Verso y Nimona.

 

9/10

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