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Review: Yo capitán

Yo capitán es una película que hace un uso genial y desviado de los géneros. El italiano Matteo Garrone —quien había utilizado un registro cercano al documental en Gomorra (2020) para narrar historias de la camorra napolitana—, aquí toma elementos de la novela de aprendizaje, de las historias heroicas de aventuras y, aunque suene contradictorio, del realismo social y al mismo tiempo de cierto surrealismo.

La historia que cuenta es la de dos adolescentes senegaleses, Seydou (Seydou Sarr) y Moussa (Moustapha Fall), que emprenden el viaje a la Europa idealizada donde esperan triunfar con la música en redes sociales. Pero antes deben superar algunas pruebas, como trabajar durante seis meses en sus horas de ocio después de la escuela, preguntarles a los antepasados si les permiten abandonar su tierra y escuchar a quienes intentan disuadirlos —“en Europa hay gente que duerme en la calle”, les dicen—.

Hasta aquí las decisiones del realizador logran esquivar las narrativas más crudas: si bien Seydou (Seydou Sarr) comparte con sus hermanos y su madre viuda el único ambiente de la casita donde tiran todos los colchones juntos para dormir, los pibes no pasan hambre ni están en un territorio en guerra. Pero una vez que inician el viaje no hay fintas posibles.

Experimentamos con los jóvenes el trato con los transportistas que venden en dólares la ilusión de una vida mejor a cambio de una travesía de la que sólo una parte podrá sobrevivir, el agotamiento físico de atravesar el desierto, los policías coimeros, las cárceles de inmigrantes y los traficantes esclavistas. Una vez que hemos visto con nuestros ojos esa realidad, ya no podremos descansar en la seguridad emocional de lo abstracto.

Ése es un gran acierto de Yo capitán, no baja línea sobre Italia —en este caso—, la legislación migratoria, las fuerzas de seguridad que la hacen cumplir ni la relación de los ciudadanos con los migrantes. Vos solita te quedás rumiando ¡ajá!, así que éste es el costo humano de tener mano de obra barata o productos importados a bajo precio.

Porque como dije al comienzo, el pasaje a la adultez de la novela de aprendizaje no es plácido o tierno, sino profundamente dramático; la heroicidad no implica adquirir habilidades más allá de lo humano sino, en ese contexto, conservar la empatía, la piedad y la capacidad de colaborar con otros. La fotografía por momentos produce un contraste entre la amplitud del desierto, sus colores anaranjados bajo el cielo turquesa y lo terrible de la historia; y es quizás la bocanada de aire que no nos ahoga del todo, como los escapes alucinatorios de la tortura que tiene Seydou o los pequeños momentos de gozo como construir por primera vez algo.

 

8/10

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