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Review: Priscilla

Priscilla, así sin necesidad de apellido como Elvis, cuenta la historia de ese vínculo desde el punto de vista de ella: una adolescente de 14 años tímida y solitaria en sus comienzos, que pasa de vivir con sus padres en Alemania —donde es presentada a Elvis— a Graceland, la mansión en Memphis del ídolo. Basada en el libro autobiográfico Elvis and Me, Priscilla Presley es también la productora ejecutiva de esta película que cuenta con la dirección de Sofía Coppola.

Este es un punto importante: las películas de Sofía Coppola se centran más en los personajes y su evolución personal que en la historia, por eso muchas veces parece que terminan abruptamente. En este caso además, el recorte es la porción de vida que compartió con Elvis. Por eso no vemos la tragedia previa de la muerte del padre biológico ni la muerte de Elvis ni su carrera de actriz. Apenas se vislumbra fuera de campo el cambio radical de esa chica separada de las demás de su edad hacia la mujer que tendió lazos y amistades de adulta —con una única canción en la banda de sonido cantada por una voz femenina, eso es genial—.

Esas ganas quedarán, pero no así las de ver la historia de Elvis (Jacob Elordi) y su entorno desde un foco nunca antes trabajado. Tampoco defraudan el trabajo de fotografía, la ambientación de época ni el relieve puesto en el personaje de Priscilla (Cailee Spaeny) como “máscara”, especialmente construido a través del peinado, el maquillaje y la ropa.

La historia es conocida, acá no hay spoilers: Elvis y Priscilla se conocen durante el servicio en el ejército de él y del padre de ella —podemos completar quizás parte de este capítulo con Elvis (2022), que oscila entre el punto de vista del representante y de Elvis mismo—. En la película del año pasado es casi una nota al pie: el amor que “podría” alejar al astro de su lugar de grandeza. Sin embargo, acá vemos de forma extensa y chocante cómo ella es reclutada por otro militar y, claro, la naturalización de estas prácticas.

Porque más allá de que este tipo de vínculos y esta diferencia de edad no hayan sido mal vistos en los cincuenta, la película deja en claro que la legalidad es un término arbitrario. ¿La edad, la experiencia, el género (en el contexto patriarcal en el que vivimos), el dinero y el poder no son herramientas de manipulación esté avalado su uso o no? Ah, bueno. Para contestar, me fui a ver de nuevo Walk the line —otra peli que podría sumar un capítulo lateral a ésta— para ver un vínculo más simétrico como el de June Carter y Johny Cash y mi respuesta es sí.

En suma, es una película estéticamente muy lograda, que muestra ese combo explosivo de los vínculos de pareja muy asimétricos junto con la idealización del primer amor. No obstante, si querés fingir demencia y que nada opaque tu visión del rey del rock, andá, máquina, nada te detiene. Pero te vas a quedar con una mirada chiquita del mundo, yo te avisé.

 

 

8/10

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