En el comienzo de este 2024 llega a los cines El juego de la muerte (YA idu igrat), primer largometraje de la directora rusa Anna Zaytseva —quien dirigió el corto САМА ДУРА (que traduciré del inglés como Sos un tonto) y que en YouTube tiene más de 30 millones de vistas, con un mundo, elementos y la actriz que se reiteran—.
El mundo es el de la adolescencia, el despertar sexual, los vínculos con hermanos, amigos, novios y fundamentalmente con los padres, que parece que viven en otro planeta. Los elementos son los dispositivos electrónicos y la Internet, que hubo quienes se plantearon que venían a dar por tierra con las narrativas. Recuerdo puntualmente un profesor diciendo que Romeo y Julieta no se hubiera podido desarrollar en la era del celular; al menos no ese final trágico, porque los amantes se hubieran avisado que el veneno era de mentirita.

Pero aquí no: la premisa es justamente la contraria. Casi todo lo que pasa, sucede gracias y a través de Face Time, chats, streams y, en menor medida, a través de mail y el cuerpo a cuerpo. Es que El juego de la muerte se enmarca en el género screenlife o película de pantalla y los mayorcitos rápidamente encontraremos coincidencias en nuestro archivo de memoria con The Blair Witch Project (1999) aunque, claro, los tiempos y las tecnologías cambiaron.
Quizás por eso, debo confesar, al principio me produjo un poco de vergüenza ajena la simulación de pantalla astillada. Pero un rato después entré en la peli, gracias a las características del policial —si bien la clasificación la ha dejado del lado del “terror”—: la hermana de Dana (Anna Potebnya, a quien vemos en el corto también) se suicida repentinamente y ella investiga sus redes buscando un por qué.
Así descubre que había entrado al juego de “La Ballena Azul”, un tipo de desafío que se viralizó en 2016 y que provocó la muerte de muchos adolescentes. El juego de la muerte ficcionaliza una de las tantas posibles historias de víctimas que dejó este juego coordinado en línea que planteaba retos que iban socavando los vínculos sociales y la autopercepción y llegaron a las autolesiones y el suicidio. En la peli Dana se convierte en participante del juego para investigar.
En síntesis, se trata de una película entretenida, con un código muy particular donde casi todo sucede a través de pantallas, lo que a mí por momentos me asfixiaba y por otros me alejaba. Situándome generacionalmente, a mí me pareció meh. Sin embargo, también debo admitir que es una entrada a un mundo adolescente que desconozco, donde la interacción en las redes sociales y lo virtual tienen consecuencias muy profundas en la psiquis. Probablemente las últimas generaciones tengan más para decir y nuevos conflictos que narrar.
6/10