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Estreno de la semanaHechos reales

Estreno de la semana: Napoleón

Llega a las pantallas de cine Napoleón, el filme que, polémicas con los puristas del respeto histórico en las películas —que los hay, los hay— mediante, viene a jugar con los caballos del comisario. Es que la respalda la dirección de Ridley Scott (creador de clásicos variopintos como Alien, el octavo pasajero, Blade Runner, Thelma y Louise y Gladiador) y la actuación de Joaquin Phoenix (con su premio Oscar por The Jocker).

Y Scott como veterano cineasta que es, cumple con el reto de crear una biopic visualmente impecable y compleja respecto a los caracteres y personajes. Sin embargo, esa fortaleza es también una macana: los registros épicos, de intriga palaciega y de vínculo amoroso se van intercalando con una cierta falta de delicadeza.

Si bien muchos periodistas han atacado el recorte de batallas o de eventos o el casi borramiento del personaje de la emperatriz María Luisa o la condensación de los amantes de Josefina (Vanessa Kirby) en uno solo, no hay que olvidar que, como toda pieza, aunque se base en hechos reales, construye un modo de ver, un modo de narrar y personajes.

Así, el Napoleón de Scott es un tipo que mantiene vínculos de dependencia con las mujeres a las que ama: la madre será el motor para, intentando no decepcionarla o avergonzarla, ascender en la carrera política y militar (que en él se funden en una sola); y con Josefina va tejiendo una relación que hoy llamaríamos tóxica. Mientras la madre se narra principalmente a través de los diálogos de Napoleón con el hermano (Matthew Needham) y el deber ser, las escenas con Josephine se intercalan con el diálogo epistolar en off.

También es un tipo que no es cruel en sí (vemos que no tiene sed de sangre como Robespierre ni disfruta la ejecución de María Antonieta como el grueso del pueblo reunido en la plaza) pero permite que su autoconfianza y su ambición arrastren a cientos de miles de soldados a guerras de expansión que diezman sus ejércitos pero no su popularidad (nada mejor que una guerra para agitar el nacionalismo, ¿no?).

En síntesis, Napoleón es una película donde vamos a ver batallas a la vieja usanza (nada de coches que desafían las leyes de la física pero sí un cañonazo agujereando un caballo), un detalle cuidadísimo de vestuario, un personaje central complejo obsesionado con Josefina pero poco amigo de la previa en el sexo (porque mucho amor romántico pero digamos todo) e intrigas políticas. Vamos a ver estas cosas a través de distintos registros sin muchas transiciones pero con un tono cómico siempre al borde del patetismo. Y bueno, para meter todo esto clava 158 minutos, así que estás avisadx.

 

7/10

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