Hasta el 3 de noviembre se llevará a cabo el Encuentro de Cine Europeo que ya va por su 20° edición, en la cual esta vez participan 17 de los 21 estados que tienen embajadas en nuestro país. Será la oportunidad de ver películas recientes de una variedad de géneros en distintas salas de unas cuantas provincias e incluso online, en cineeuargentina.com. Este año el foco estará puesto en juventud y diversidad.
Con esta temática, el 29/10 y el 3/11 se proyectará en la Sala Lugones del Teatro San Martín, Las sirenas no lloran (Mermaids don’t cry, 2022, Austria), una comedia dirigida por Franziska Pflaum. Esta película cuenta la historia de Annika, una joven gorda y de pelo rosa, para la cual los momentos de ensoñación, cuando se imagina sirena, son un escape de la realidad.
Una realidad complicada, pero del primer mundo y siendo blanca, eh: su trabajo en un supermercado de barrio, su amiga Karo que le enchufa a los dos hijos para que los cuide, una jefa pasivo-agresiva-new age (¿) y un padre —que dice ser lisiado y saben que lo no— quien se le instala en el departamento. Entonces, empieza a desear una cola de sirena realística, que cuesta casi 2500 euros.
Aquí el resto de los personajes actúan como opositores y le imposibilitarán ahorrar para comprar la cola, entonces el relato va acumulando frustraciones del objetivo de consumo, que en sí no está mal. Pero, ¿el consumo realmente nos hace felices? Esa es la pregunta que plantea esta historia y que contestará con un tono ácido y delirante. En el proceso, la película nos entrega personajes interesantísimos y bizarros como el interés romántico de Annika, un rubio con melena a lo He-man que la mira en la pileta.
Lo mismo sucede con el padre, que quiere convalidar con un certificado médico su falsa invalidez para así cobrar la pensión. Pero el que la rompe es el personaje de la jefa, quien les obliga a hacer yoga, establece criterios ridículos para premiar a sus empleados con el reconocimiento y el mantenimiento del trabajo, y organiza una colecta para un niño pobre de la cuadra con la fotografía más estigmatizante posible.
Las sirenas no lloran es una película visualmente bella, con una fotografía muy colorida y luminosa. No se pasa de melosa porque trabaja con personajes que no son ni completamente malos ni completamente buenos, conflictos de baja intensidad y otros más dramáticos, y por supuesto, por el tono bizarro que lo tiñe todo. Muy linda de ver.
7/10