El club de los Vándalos (The Bikeriders, 2023) es una película chonga de las buenas. Basado en el libro homónimo —del título original en inglés— del fotógrafo Danny Lyon, el film de Jeff Nichols logra traducir al lenguaje audiovisual esa mezcla de testimonios, fotografías y diario de viaje que formó parte de la crónica casi etnográfica recogida a lo largo de los años 60 en la zona de Chicago, Estados Unidos.
El relato se estructura a partir de las entrevistas que Danny (Mike Faist) le hace a Kathy (Jodie Comer), la única mujer que aparece en este club de la masculinidad que es en definitiva el grupo de motoqueros. Kathy comienza la narración desde el punto de vista de la chica de clase trabajadora que conoce en un bar a Benny (Austin Butler) —prototipo de James Dean— y aunque no le gusta el ambiente en el que se mueve, se sumergirá en él por amor.

A partir de ahí su voz se borroneará para dar lugar a la evolución de los personajes y a la configuración del club, que si bien pudo comenzar como un grupo de sociabilidad masculina de tipos a los que les gustaban las motos, va mutando junto con la sociedad mayor —la guerra de Vietnam y sus secuelas, los movimientos de protesta estudiantiles y los procesos de reacción—. Como en toda sociedad se van delineando reglas, etiquetas y en este caso, formas de jerarquía y oposiciones a ellas.
En este sentido, es muy interesante la reflexión que hace Kathy cuando dice que los miembros del club eran en su mayor parte outsiders de la sociedad, hombres que preferían estar en los márgenes y que, paradójicamente, para querer escapar de las reglas, se habían construido unas cuantas. Por ejemplo, había que acatar las directivas del jefe, Johny (Tom Hardy) —prototipo explícito de Marlon Brando—; sin embargo cualquiera podía desafiar su conducción y eso se resolvería en una pelea a puños o navajas.
Además del trabajo excelente de Hardy, otros personajes muy particulares tienen sus momentos de relevancia, dándole un toque coral a la historia. Entre ellos: Zipco (un raro total interpretado por Michael Shannon, actor fetiche de Nichols), Cockroach (Emory Cohen); Brucie (Damon Herriman); Funny Sonny (Norman Reedus —con un trabajo de maquillaje importante para que no nos acordemos inmediatamente de su personaje en la serie The Walking Dead—) y Corky (Karl Glusman) y Wahoo (Beau Knapp).
Todos estos personajes con sus singularidades son parte de una cultura masculina que nace, se desarrolla y muta en la interrelación con su tiempo y su contexto. Sin embargo, la que articula la historia es la voz de Kathy —figura especular del fotógrafo—: fascinada pero extranjera de ese mundo, a la distancia justa para ver el devenir. Y todo este proceso se traduce en una película que hace uso de los estereotipos del cine —son innumerables las referencias a películas que moldearon la masculinidad de esa época—, de la figura de la narradora, la entrevista y la observación participante para darnos una joyita que podría haber caído en la sátira pero por suerte se jugó a otra cosa.
9/10