Kandisha es una película del 2020 que recién este jueves 12 de octubre se estrenará en los cines de Argentina con el nombre Invocando al demonio, incluso en algunos cines está publicada como Kandisha: Mujer Demonio.
Por cierto, en ambos casos, la traducción del título esta vez tiene todo que ver con su temática y vamos a ello:
Amélie (Mathilde Lamusse), Bintou (Suzy Bemba) y Morjana (Samarcande Saadi) son tres adolescentes amigas que viven en un barrio marginal francés y comparten la pasión por el grafiti. En una de sus incursiones a un edificio abandonado, donde suelen pintar, encuentran detrás de un empapelado el nombre: Kandisha.
Como Morjana es de origen musulmán les cuenta la leyenda resumida. Esta mujer demonio es famosa en el folklore de Medio Oriente por ser hermosa, a pesar de tener patas de cabrito, y la historia cuenta que cuando era humana su marido fue asesinado por la legión portuguesa. En venganza sedujo a los rivales para matarlos. Al ser capturada 6 de ellos la torturaron hasta la muerte. Lo que se olvida de decir Morjana es que, ahora, su alma martirizada, unida a un djinn (ser sobrenatural creado por Alá), perpetúa su venganza, por eso cuando se la invoca pide 6 hombres en ofrenda.

Para que no pase esto es importantísimo saber hacer buenos resúmenes.
La cuestión es que Amélie tiene un ex novio abusivo que la persigue. Luego de una golpiza, no tiene mejor idea que dibujar con su sangre un pentáculo en los azulejos de la bañera y llamarla al estilo Candyman (1992).
Listo, te compraste un problemón marroquí, la señora patas de cabra va a intentar matar hasta al conejito de tu hermano. Porque la otra leyenda dice que si hay un animalito en la historia no va a salir con las cuatro patas intactas ¿verdad?
Hay un conejito en la historia.
Invocando al demonio está dirigida por Alexandre Bustillo y Julien Maury. Lo cierto es que este equipo francés, influenciado por Darío Argento, tuvo algunos aciertos sobre todo en su primer proyecto: À l’intérieur (Adentro), con el que ganaron, entre otros, el premio a la dirección en el Citizen Kane Award (2007). Sin embargo esta película se queda corta.
Tiene buena ambientación y visualmente es interesante, me gusta todo el mundillo de los monoblocks y la diversidad racial que da descanso al mundo hollywoodense y toda su hegemonía. No obstante, Amélie, la que se compra el problemón, no puede ser más blanca, rubia y de ojos claros. Esta película se maneja entre los “un poco sí” y “un poco no”, le falta decisión.
Un gran punto es que va directo al grano del asunto, no da demasiadas vueltas, tampoco sobre explica. Esto, por lo general, anticipa gore, ultra gore, sangre chorreando por todos lados, pero no, no lo hay en exceso, está y bien, pero medido. No es un punto a favor ni en contra, lo aclaro para que no acunen falsas esperanzas.
Lo que realmente faltó es tensión. Encontré solo una escena donde se logra y fue gratificante, el resto del tiempo van pasando cosas, los momentos de acción simplemente se vierten sobre la pantalla apelando a que el ambiente, el suceso mismo y la sangre, hagan su trabajo. Tampoco hay un apoyo musical que acompañe. Este estilo de films debe, a mi criterio, no solo mantener el ritmo, también ir en ascenso. Nada de esto pasa.
Por último, me molestó la estética de Kandisha. No es uniforme, a veces es un ser del cromañón, en otras escenas está con velo y los pechos desnudos al estilo exploitation, para luego, con el cambio de escena, tenerlos tapados. Otra vez la indecisión.
Tampoco hay exploitation, no lo esperen.
Conclusión: los espectadores de este tipo de películas perdonan ciertas desprolijidades, porque en lo rústico también se encuentra el horror, incluso me arriesgo a decir que pocas veces se pide un guion con causa/efecto en la línea de lo racional. Pero no definir la apariencia del monstruo es imperdonable.
5/10