Han pasado veinte años desde la primera edición de la icónica película protagonizada por Anne Hathaway, Meryl Streep, Emily Blunt y Stanley Tucci. Mañana estrena El diablo viste a la moda 2. Manteniendo a su director (David Frankel), y con adquisiciones nuevas en el elenco: Simone Ashley, Patrick Brammall y B. J. Novak.
El mundo cambió, pero nuestras protagonistas no lo hicieron. Andy regresa a Runway, dirigida por una Miranda Priestly que intenta adaptarse a los tiempos modernos.

Podrán decir que soy una optimista, pero el martes a la mañana me senté en la función de prensa con muchas expectativas. Durante los primeros minutos me gustó lo que vi; un disparador interesante radicado en la contemporaneidad: la crisis de la lectura, de los medios tradicionales (sobre todo de los impresos) y la deslegitimación de las figuras influyentes como la de Miranda Priestly. No tardé mucho en desilusionarme.
La secuela se sostiene casi enteramente gracias a las referencias tomadas de su antecesora. Donde podría haber solo un plano discreto de alguien eligiendo entre dos cinturones “iguales” o un pullover color cerúleo, tenemos los cinturones, el pullover, los planos, los chistes; en fin, hay un hipervínculo constante y cansador con la primera entrega.
El personaje de Andy también deja que desear, caracterizada con una torpeza exagerada y un interés romántico aburrido. Para terminar de desarrollar este punto, debería revelar el final, cosa que no voy a hacer, así que los invito a analizar por ustedes mismos si el rol de Hathaway tuvo o no una involución astronómica.
Los únicos dos arcos de personajes interesantes fueron los de Nigel y Emily, la trama se redime con ellos de formas opuestas. En el caso de Nigel, se le permite cerrar la historia de infravaloración; con Emily, se la ayuda a buscar otro tipo de ejercicio del poder que no sea el que aprendió de Miranda.
Para terminar, los invito a ver por ustedes mismos El diablo viste a la moda 2 y sacar sus propias conclusiones.
6/10