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Review: El beso de la mujer araña

El beso de la mujer araña (2025) retoma una historia que ya ha tenido varias versiones para proponer una nueva, quizás como reto personal para el director Bill Condon, quien ya estuvo detrás de la adaptación de otros musicales como Chicago (2002) y Dreamgirls (2006). Es que para la mayor parte del mundo, el título de la novela de Puig remite, en realidad, al musical. Veamos qué tal resulta esta actualización fílmica.

Parte de esta actualización son las figuras: Diego Luna construye un Valentín Arregui, el preso político, mucho menos machirulo de lo esperable y con unas barreras mucho más bajas para dejarse conmover; Tonatiuth (toda una revelación), hace un Luis Molina magnético, que funciona muy bien tanto en los números musicales como en las escenas en la cárcel.

Para aquellos que no saben de qué va la historia: Arregui y Molina se encuentran en una celda en una prisión argentina durante la última dictadura militar. Arregui está detenido por su militancia y Molina por obscenidad, por creerse mujer. El director de la cárcel (Demián Bichir) los pone juntos para averiguar los nombres de los compañeros de Arregui, que no entrega ni aún bajo tortura. La habilidad de Molina útil para esto es la conversación.

Especialmente el relato de películas clásicas de Hollywood como la que protagoniza su actriz favorita Ingrid Luna (Jennifer López) y que da nombre al film. En esa película dentro de la película, Ingrid es Aurora, Arregui el interés romántico de ella y Molina el amigo gay. Su relato constituye el escape de la realidad carcelaria hacia otra colorida, luminosa, con mucho glamour y una heroína que se debate entre vivir el amor y los peligros del amor.

Los números musicales están bien logrados pero les falta algo. Hay un calor que no se logra transmitir con los cambios de tono, y el frío de la celda se siente desconectado de la fantasía. Igualmente, López está muy correcta, pero le falta ese plus que requiere el doble personaje de Aurora y de la Mujer Araña. Pareciera que el film temiera desbordarse y estuviera conteniéndose.

El beso de la mujer araña (2025) entonces, es una relectura sobria, probablemente demasiado. No profundizaré sobre el extrañamiento de ver una historia tan de acá filmada en inglés por actores mexicanos o de esa ascendencia. Pero sí es remarcable el acento en la identidad autopercibida de Molina para ver otra forma de política, más allá de la revolucionaria, cuestión completamente cegada en la militancia de la época que retrata la película.

6/10

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