El mensaje es la película argentina de Iván Fund que este año ganó el oso de plata en el festival de Berlín. Filmada en blanco y negro, realza el carácter ficcional y maravilloso del audiovisual, aunque cuente una historia chiquita, íntima y poco glamorosa. La película abre en un paisaje rural monocromático de caminos polvorientos que recorre una camioneta convertida en motorhome.
En ella viaja una pareja de mediana edad junto a una nena, Anika (Anika Bootz). Y lo que parece una road movie que muestra la vida de esta familia singular conformada por Myriam (Mara Bestelli), su compañero Roger (Marcelo Subiotto) y su nieta Anika —quienes viajan por pueblos entrerrianos ofreciendo la capacidad de la niña de comunicarse con los animales—, se transforma en otra cosa una vez asimilada.

Las preguntas que plantea la situación son: ¿es real el don de la niña? ¿son estafadores? Una ligera incomodidad persiste cuando vemos a Miriam hablar en una nota con la televisión local promocionando los servicios de Anika, o grabando audios con los supuestos mensajes de las mascotas o derivando a Roger el cobro de los honorarios. Pero se hace perfectamente soportable cuando vemos las interacciones privadas.
Es que esa capacidad de comunicarse con las mascotas contrasta con la casi nula charla entre ellos. Y sin embargo, no hay nada que no se parezca al cariño en esas interacciones: el armado de la cena cortando sanguchitos de miga y rellenándolos con papas fritas de paquete, el tomarse de las manos en la noche de la pareja, el acompañamiento de Roger a Anika en los videojuegos.
La road movie se transforma en un viaje más bien interior hacia los vínculos y las circunstancias de esos personajes. En este sentido, es importante el develamiento de dónde está la madre de Anika y cómo es su relación con ella y con Myriam, la dificultad para hablar abiertamente de eso y a la vez, cómo el don de la niña se vuelve instrumento para ella misma para expresarse.
Aquí es donde la película se asienta en las características de coming of age. De este modo, El mensaje trabaja poéticamente el “hacerse grande” de Anika, notando que los adultos hacen lo que pueden con los recursos emocionales que tienen. Y lo hace no desde el lirismo o el surrealismo sino desde lo prosaico y el manejo de la ambigüedad y los silencios. Las actuaciones de gestos contenidos y los diálogos escuetos son el ingrediente perfecto para esta ternura.
9/10