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Review: The Souffleur

Ya circulan entrevistas de Willen Dafoe contando cómo se hizo habitué de las milongas en Roma y cómo viajó después a la Argentina, hablando de la presentación en el MALBA de la nueva película en la que actúa (y produce) y de cómo bailó temas de Pablito Lescano durante el rodaje. La película en cuestión y que viene a promocionar es The Souffleur, dirigida por el argentino Gastón Solnicki.

En teatro, el souffleur es quien se oculta a los costados del escenario para asistir a los actores. Del mismo modo, la historia habla del personaje tras bambalinas en el primer hotel de cinco estrellas que hubo en Europa, en la capital austríaca. Dafoe es Lucius Glanz, quien lleva treinta años como gerente, ha visto el esplendor y ahora resiste pasivamente su decadencia. Sobre todo, frente a la inminente compra del edificio y su total remodelación.

Lucius se presenta a través de sus hábitos casi ascéticos, su ropero lleno de prendas idénticas y su capacidad para, sin arrugarse el traje, darle mantenimiento a la pista de hielo y revisar la caldera. Lo acompañan otros personajes igualmente particulares, como la hija que preferiría irse pero no quiere romperle el corazón a su padre, la recepcionista, y el empleado con problemas familiares.

Y también está el comprador argentino, con el mismo director en el rol de Pablo, un cheto que siente melancolía por sus visitas de niño en el hotel pero no tiene ningún empacho en modernizarlo. En este sentido, el filme se mueve en una zona incómoda y fascinante del cine argentino reciente, donde lo pequeño se vuelve decisivo y el fuera de campo pesa más que la acción.

No es una película que busque deslumbrar, murmura en voz baja, en los márgenes de la escena, como sugiere el título. El espectador es invitado a escuchar, a leer entre líneas, a completar lo que no se dice; y eso es un aire fresco en medio de tanta producción audiovisual que explicita todo. Hay una conciencia muy clara del artificio y, al mismo tiempo, una necesidad de creer en él. Esa tensión sostiene el relato y lo vuelve inquietante.

Pero a vez, por momentos puede volver pretenciosa la narración. No obstante, no deja de ser una linda película, para apagar el celu y disfrutar de escenas pequeñas y cotidianas de un mundo caduco. The Souffleur quizás complete su significado con las dos películas anteriores del director, que integran su trilogía vienesa: tarea para el internet del hogar.

6/10

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