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Estreno de la semana: Sin piedad

Sin piedad, película estadounidense dirigida por el kasajo Timur Bekmambetov, ingresa a la cartelera de los cines mientras en Estados Unidos, la policía migratoria (ICE) utiliza inteligencia artificial para buscar y señalar objetivos de deportación. El dato no es aleatorio: el thriller plantea un escenario en el que se ha establecido un programa de juicios con IA —no hay juez, no hay jurados y no hay presunción de inocencia—.

Y es que esa es la premisa de la historia: un hombre que debe, en la hora y media que le asigna el sistema, “bajar el porcentaje de culpabilidad” para no ser ejecutado por la misma silla en la que está apresado frente a una pantalla. Así, instalada en el thriller de ciencia ficción y con el tiempo corriendo en la historia y en la sala del cine, la trama recorre una serie de tópicos que no parecen tan lejanos —además, transcurre en Los Ángeles en  2029―.

Por ejemplo, todos sabemos que el celular no es solamente un instrumento para mantenernos comunicados sino, principalmente, un artefacto que nos monitorea, registra nuestros movimientos, conversaciones, búsquedas, consumos y quién sabe qué más. Bueno, aquí se hace patente el peligro de que todo eso sea usado para sostener una narrativa que, en este caso, decidirá sobre la vida o la muerte del protagonista.

Chris Raven (Chris Pratt), uno de los policías que trabajó en las detenciones que llevaron a 17 personas a ser enjuiciadas por este programa estatal llamado Mercy (compasión, piedad), se despierta con resaca y en el banquillo. El crimen que se le imputa es el asesinato de su esposa y él, alcohólico y con problemas matrimoniales, tiene todas las fichas para ser declarado culpable.

Para salvar el pellejo tendrá que indagar en las redes, los correos y en las conversaciones de su esposa y de su hija. Además, por vía del avatar de esta IA, la jueza Maddox (Rebecca Fergunson), tendrá acceso completo a cualquier dato informatizado de cualquier persona. Miedo, ¿verdad? Recuerdo el comentario sobre el ICE y sumo el uso de IA en la selección de objetivos y el bombardeo en Palestina. En fin.

Sin piedad no añade grandes novedades al género, con una estética futurista de pantallas holográficas, luces frías y un héroe varón, blanco y cisheterosexual y una IA personalizada en un avatar inquietante por lo realista pero a la vez por lo robótico de los gestos de Ferguson. Sin embargo, no deja de ser efectiva y entretenida y plantea una clave explícita: los datos no son prueba si no son incorporados efectivamente por una narrativa.

7/10

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