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Review: Modigliani, tres días en Montparnasse

¿Alguien vio en la calle los afiches con la figura de Johnny Depp? Atrás dice Modigliani y algo así como “bienvenido a la Argentina”. Justo andaba sin celular, si no, compartía la imagen que me pareció bizarrísima. Nunca había visto un afiche promocional con la foto del director en primer plano. Y la verdad que Modigliani, tres días en Montparnasse, necesita del morbo de estar dirigida por Depp para atrapar incautos.

Es que su nueva incursión detrás de las cámaras no logra sobresalir ni despegarse de lo convencional. Se trata de una biopic sobre Amedeo Modigliani (Riccardo Scamarcio) que hace foco en tres días decisivos en París, pero lo hace con una previsibilidad y una afectación aplastantes. La presentación del personaje sucede en un café donde el artista retrata a gente adinerada de mesa en mesa y por un pago.

Para ello seduce a las mujeres o les hace la psicológica a sus maridos. Cuando el marido de una dice que no le gusta su arte, Modi se rechifla, le dice de todo y se pelea en una secuencia de saltos sobre mesas y a través de vidrios, y persecuciones en un blanco y negro chaplinesco que aparecerá esa sola vez (¿). Así, se lo presenta como un personaje de acción, con actitudes extravagantes al estilo del capitán Sparrow (¿vicios de actor?).

Luego, un relato chongo del artista maldito: se está cagando de hambre pero insulta a quienes podrían comprarle su arte, vive de bohemia sacando al fiado el alcohol y minimiza el arte de su novia. Scamarcio está bien en el papel (su mirada, su físico, ese aire de artista atormentado), pero el guión no le deja espacio para respirar ni para trabajar más la interioridad.

Cada conflicto parece anunciado demasiado pronto, cada emoción es subrayada con música o cámara lenta, y el resultado es un ritmo que oscila entre lo episódico y lo decorativo. En lo formal la película se luce: ambientación de época, vestuario detallista, y actores de prestigio como Al Pacino en un rol secundario. Pero la pulcritud estética no esconde la falta de novedad del enfoque ni lo estereotipado del guion.

En suma, no importa cuántas veces Depp haya estado frente a las cámaras; detrás es otra cosa.  Y como el afiche con su imagen, lo importante queda subsumido: los destellos que podrían ser interesantes (una mirada cómplice entre Modigliani y su musa, un encuadre que connota la elongación característica de sus rostros) rápidamente son opacados para mostrar al artista maldito desde la superficialidad.

4/10

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