Basada en la novela homónima argentina, estrena Matate, amor (Die, My Love). Protagonizada por Jennifer Lawrence y Robert Pattinson; dirigida por Lynne Ramsay.
Grace es una escritora joven que se muda con su pareja, y con un bebe en camino, a una casa en el campo. De a poco, al pasar casi todo su tiempo sola, va descendiendo a la locura.

Para los que hayan leído el libro, ya será obvio que la historia no es exactamente igual a la original. No se preocupen, tampoco está tan lejos. En general, no soy fanática de las adaptaciones extranjeras de las películas y libros argentinos por su acercamiento prejuicioso sobre las temáticas; este no es el caso.
En primer lugar, la elección de protagonistas da en el clavo. Ambos ponen el cuerpo en sus personajes y conectan de manera impresionante. En este sentido, se nota que la directora los condujo respetando a rajatabla muchos de los pasajes de la obra literaria.
Por el contrario, encuentro algunos puntos en los que el film abandonó características claves del libro. En el caso de Jackson (Pattinson) tenemos a una pareja menos controversial que en la historia original, eso le saca algunas aristas a su personaje. Pasando a Grace (Lawrence), también desaparecen varias de las escenas más controversiales junto a su hijo, lo que la pone en una piel mucho menos compleja de la que se buscaba originalmente.
En segundo lugar, la dirección de fotografía es algo a destacar. La elección de paleta de colores y configuración de las locaciones aportan en gran medida a la sensación de oscuridad y abandono que transmite la primera parte de la cinta.
Una mención especial al personaje de la suegra, interpretado por Sissy Spacek. Su rol es de mayor importancia a la que esperaba, y destaca principalmente por sus gestos sutiles pero potentes. Entre mis momentos favoritos de la película se encuentra el diálogo entre ella y Grace.
En conclusión, tanto para los lectores como para los que simplemente estén buscando female rage y oscuridad, les recomiendo Matate, amor.
8.5/9