Cuando el cielo se equivoca es una película escrita y dirigida por Aziz Ansari, una comedia que trabaja con tropos remanidos pero que intenta darles una vuelta de tuerca más actual: un ángel díscolo que enreda las cosas, un ser celestial que debe enfrentarse a la existencia humana, un intercambio de vida y el ponerse en el lugar del otro. Las primeras secuencias nos hacen seguir a Gabriel (Keanu Reeves), el ángel disconforme con su trabajo.
Sus alas son pequeñas y su tarea le parece anodina: llamar la atención de los que textean al volante para evitar accidentes. Uno de sus “clientes” es Arj (el mismo Ansari), un hombre de origen indio que está cansado de su vida. Y no es para menos: el sueño americano tiene el velo corrido y para que Jeff (Seth Rogen) consiga su rollo de canela de autor, compre su nuevo rólex y siga la última moda en welness, muchos arjs deben dormir en el coche.

Es entonces cuando Gabriel decide abandonar su tarea para hacer algo más importante: demostrarle a Arj que la vida de consumo y snobismo que le envidia a Jeff, no le gustaría. Pero se equivoca, porque como dicen, el dinero no hace la felicidad pero sí que ayuda. En este punto, no sólo Jeff quiere regresar a su lugar sino Gabriel, quien ha perdido sus alas y tendrá que vivir como humano.
Aquí se generan las situaciones más cómicas: un ángel ajeno a su sex appeal tiene que laburar para mantenerse (y descubrir que ni con eso alcanza), pero también descubrirá los pequeños placeres como la comida, la amistad y la música. Y aquí también se presenta el problema en el guion, porque para que Arj, quien ya ha vivido como humano precarizado, vuelva motu proprio a su antigua vida, requiere de giros rebuscados.
Pero bueno, como una comedia con reflexión ligera, funciona. La dirección de Ansari combina lo absurdo con una estructura de fábula, y ese tono mixto es probablemente el acierto más visible. El filme no pretende reinventar el género del “intercambio de vidas” o “ángel que baja del cielo”, pero sí aporta una modulación actual y buenas intenciones. La química del trío de personajes es buena y provoca varios momentos simpáticos.
En este sentido, la producción comprende que su mayor fuerza está en los personajes y en la situación absurda que habitan más que en la grandilocuencia visual, y acompaña con efectos moderados, resaltando más bien los contrastes entre el lujo obsceno y la superexplotación. Quizás la violencia que subyace a esa distancia de clase no termine de diluirse en el tono absurdo y humorístico, pero igual es entretenida
6/10