Llega a las salas Ne Zha 2: El renacer del alma, la película china de animación que retoma la figura del mito y la lleva a un nuevo nivel de espectacularidad que, sin dejar de presentarse como situada e identitaria, la acerca a los grandes públicos occidentales. La película despliega un torbellino visual de colores vivos y batallas celestiales, donde el destino del joven héroe parece estar sellado entre dioses, demonios y humanos.
Es que el personaje es un demonio que nace en una familia y en un pueblo humano y que tiene como mejor amigo al hijo de un dragón. Afortunadamente, todo esto se repone al comienzo de la película, ya que, como escuché por ahí, la primera parte no llegó a los cines en Argentina. La cosa es que los dos amigos han perdido su forma mortal y eso es un problemón, porque las almas se desintegran al no estar contenidas por un cuerpo.

Ese primer conflicto se resuelve más o menos rápido gracias a la intervención de la gente del pueblo y del maestro de Ne Zha, pero luego el problema es que los dragones, condenados a una prisión bajo el mar, buscan recuperar su libertad y su poder y nuestro héroe no debería exigir su recién reconformado cuerpo, bajo el temor de perder su humanidad.
Es decir, los conflictos son externos e internos al mismo tiempo. Y en este sentido, la dirección apuesta por un ritmo sin respiros (no hay muchos espacios para los entrenamientos y la contemplación), con una trama llena de microconflictos. El uso de colores y la construcción física y de personalidad de los personajes es algo burda pero efectiva: en Ne Zha predominan los tonos naranjas, las ojeras y el fuego interno y en su amigo dragón, el celeste agua, la belleza y la templanza.
La tensión entre lo sagrado y lo terrenal se potencia en varias dimensiones, como los enemigos externos y la turbulencia de su propia alma y su conciliación con la parte humana (los sentimientos filiales, de pertenencia y de amistad). La narrativa logra conjugar acción y filosofía y la sonoridad tradicional china se mezcla con orquestaciones modernas, tendiendo puentes entre pasado y presente, mito y contemporaneidad.
Así, Ne Zha 2: El renacer del alma consolida un estilo chino contemporáneo de animación, que pone la tecnología al servicio de lo poético y brinda escenarios épicos que espejan interioridades en pugna: montañas que se deshacen en lava, mares de nubes atravesados por dragones colosales. Además, combina raíces culturales con un lenguaje universal capaz de dialogar con audiencias globales. Una joyita.
9/10
https://www.youtube.com/watch?v=h5rJuV1mnvM