El retorno es una película argentina ubicada en el universo de la intriga vaticana en tensión con la mística. Y es que el filme, dirigido por Marcela Luchetta, nos muestra a Tomás Armento (Gabriel Gallicchio), un joven sacerdote amigo del papa Gregorio V (Juanjo Puigcorbé), quien ocupa un puesto como investigador de milagros. Él, más bien un “scully” de la iglesia, preferiría abocarse a otras tareas.
Sin embargo, su perspectiva se pondrá en duda cuando el caso a investigar sea el de su propio hermano Abel (Franco Masini) a quien no ve desde hace diez años. Pero salgamos de la trama y volvamos a las primeras escenas: ahí ocurre la presentación de Abel, un mago muy reconocido, con una vida de fama y excesos. Vivos para sus seguidores en redes, presentaciones en Las Vegas y un vínculo sexual con su asistente.
Un número que transcurre con él bajo el agua (a Tu Sam le gusta esto) male sal y la historia oficial es que desde entonces se encuentra en coma. Pero la realidad es que está bajo custodia del Vaticano porque parece que despertó como la reencarnación de Jesucristo. Al escéptico Tomás lo acompaña un ayudante (Mariano Saborido), un menos determinado mulder, aunque lo suficiente como para plantarle una duda.
En ese cruce de vínculos de hermandad compleja, fe, escepticismo y conveniencias políticas, se cuece el conflicto. Porque a la iglesia le conviene tener un personaje fuerte que renueve la fe… pero no que ponga en duda las bases sobre la que construyó toda su estructura de poder. ¿Abel está chapa, está actuando o es realmente Jesús y viene a contar la verdadera historia? Apenas una chispita de Hombre mirando al sudeste (1987), no más.
El vestuario, los escenarios y el tratamiento visual en general son de calidad y no desentonan con la solemnidad de la propuesta. La existencia previa en la realidad de un Papa argentino teje alrededor de este universo una verosimilitud que se desinfla un poco con las intrigas palaciegas suavecitas, que no convencen de la situación de peligro en la que están los personajes.
Otro punto flojo es la linealidad del guion: casi sin saltos temporales que refuercen la intriga o la historia de esos hermanos (más allá de las escenas fuera de tiempo donde Abel/Jesús desmiente algunos pasajes de la biblia) y un ritmo general bastante lento. Asimismo, resulta conservador que Abel, en su regreso del coma, pase de tener relaciones homosexuales a vincularse con mujeres y andar descalzo y con ropa neutra. Especial para quienes prefieran una duda intelectual a un drama religioso fuerte.
6/10