Del 18 al 24 de septiembre se llevará adelante el Festival de Cine Alemán en su 25° edición. Y como viene sucediendo desde hace tiempo, la sede será Cinépolis Recoleta. En colaboración con la Embajada de Alemania y el Goethe Institut, el festival es una buena ocasión para echar una mirada al nuevo cine alemán, que viene planteando una pluralidad de propuestas muy interesante, incluyendo el ya clásico rescate de película muda con música en vivo.
En este marco, el jueves 18 y el domingo 21 se podrá ver Riefensthal, un documental sobre la controvertidal figura de Leni Riefensthal, la llamada cineasta del nazismo. Desde el título, el apellido solo propone el tratamiento duro, sin sobrenombre, pero también sabemos que el apellido sin el nombre de pila es una muestra de respeto reservada a los grandes varones.
Riefenstahl propone un encuentro incómodo con la grandeza estética y la sombra moral. El film no se contenta con biografiar a Leni Riefenstahl como precursora visual, sino que la retrata como puente entre lo sublime y lo ominoso; entre su mirada fotográfica obsesiva y la utilización de esa mirada para fines políticos. Ese contraste atraviesa todo el documental: la fascinación por la imagen bella y el horror que puede esconder.
La estructura sigue un curso casi clásico: infancia, reconocimiento artístico, vínculo con el poder, compromisos peligrosos y los últimos años problemáticos —la categoría de “simpatizante” que construyó el juicio y que la exculpó, las demandas contra periodistas que insinuaron otra narrativa y cierto apoyo popular—. ¿Hasta qué punto Riefenstahl funcionó como espejo en el que parte de la población se vio reflejada?
Ésta y otras preguntas incómodas se plantean en el documental a través de las técnicas audiovisuales: el montaje de las entrevistas donde declara que sólo hacía su trabajo y las imágenes donde busca la mejor forma de demostrar el poderío del Tercer Reich, las fotos oficiales y las fotos en alguna quinta con Goebbels y Hitler descansando, los altos en su trabajo en África tirando a los niños caramelos al piso como si fueran palomas.
En suma, Riefenstahl no es un panfleto, es un documento complejo que se sirve de las mismas armas utilizadas por este personaje, las audiovisuales, para exponer la construcción de una narrativa primero glorificadora del nazismo y luego exculpatoria de su participación. Asimismo, muestra la imposibilidad tomar el arte o aún la estética como cosas ajenas a la política y la ideología, algo muy actual.
9/10