Este jueves 4 de septiembre llega a los cines el cuarto capítulo y despedida de la saga (el noveno del universo), titulado El Conjuro 4: Últimos Ritos. Dirigida por Michael Chaves y con guion de Ian Goldberg, Richard Naing y David Leslie Johnson-McGoldrick, entrega un cierre perturbador pero también emotivo para los Warren. Así, Vera Farmiga y Patrick Wilson retoman sus papeles con esa química reconocida desde el primer filme.
Pregunta clave para los turistas del terror: ¿se puede entender y disfrutar sin haber visto las anteriores o alguna otra película del universo? Sí, perfectamente. Contestada esa pregunta, vamos a los detalles: obviamente se apreciarán mucho mejor las referencias respecto de estos investigadores de lo paranormal si vieron alguna, como las apariciones del padre Gordon (Steve Coulter), la muñeca Annabelle o los mismos Ed y Lorraine.

Los Warren se encuentran retirados y su popularidad en baja. Y Judy (Mia Tomlinson), la hija que comparten, ya es una chica grande que presenta al novio, Tony (Ben Hardy) en el cumpleaños de Ed —una parrillada con los frikis que conocieron a lo largo de su carrera, el padre Gordon incluido—. Pareciera que el retiro les sienta bien, a no ser porque Judy empieza a tener visiones cada vez más seguidas.
En paralelo, la historia nos muestra a la familia Smurl (uno de los casos más famosos de los Warren), quienes adquirirán un objeto que no sólo viene con sorpresa paranormal sino con un vínculo particular con la familia de investigadores. Y aquí es donde la parte emotiva se pone en juego, porque entran en tensión el deseo de resguardar la salud (el autocuidado) y los valores familiares de solidaridad y empatía hacia los otros.
El tono de esta entrega es más íntimo y crispante a la vez: las miradas de Ed y Lorraine contienen todas las historias que han vivido, el cálculo real de los peligros a los que se enfrentan y el temor por la vida de su propia hija. Aunque también la complicidad de una pareja dispuesta a enfrentarse unida a todas esas cosas. Y tiene puntos extra por mostrarnos que las casas embrujadas no son privilegio de chetos (¿).
En definitiva, El Conjuro 4: Últimos Ritos se despliega como un equilibrio entre terror y ternura, más apta para los fans de las historias humanas que para los yonkis de sustos (lo sé, son “palabras fuertes, fuertes y desconcertantes”). Un cierre digno y amoroso que quizás contenga una promesa de expansión del universo con el paso de la antorcha a la nueva pareja: Judy y Tony. Veremos.
8/10