Todo documento de civilización es un documental otro, que inscribe en la intersección de lo cotidiano y naturalizado, las marcas de lo que no se debe naturalizar. En el cruce banal de General Paz y Mosconi, frontera entre la ciudad de Buenos Aires y el conurbano, un no lugar quizás según Marc Augé, allí el film se ocupa de desempolvar las capas de significados, de historia, entre ellos, el lugar donde la policía secuestró a Luciano Arruga.
Esa historia, no por suerte sino por la tozudez de la familia, es más o menos conocida. Pero la película, producida por el colectivo Antes Muerto Cine y dirigida por Tatiana Mazú González, pone el foco en esas capas, en aquello que nos hace naturalizar un punto en el espacio, despersonalizarlo, vaciarlo de sentido. Sabemos qué le hicieron a Luciano Arruga pero no porque fuera un caso excepcional, nos insinúa.

Y otra vuelta de tuerca: no por repetida la historia pierde valor, porque en ese punto amojonado por la familia y los activismos, se llevaron a alguien. A un chico con decisiones a cuesta, sueños, problemas. Nos lo reconstruye la voz en off Mónica Alegre, madre de Luciano, mientras en pantalla vemos las imágenes del lugar de día, los perros callejeros, las vendedoras ambulantes, los carros de cartoneros, la gente, los autos.
El paisaje cambia de noche por las luces, los vidrios empañados, la lluvia, la basura, los colectivos, los carteles publicitarios; el paisaje cambia con el tiempo. Las imágenes distorsionadas, opacas, y la voz de una madre, traen la memoria de un hijo que transitó esos espacios pero que hoy no está más. El dolor de la ausencia y la continuidad de la vida.
En este sentido, Todo documento de civilización arma un diario sensible: salta de la historia formal, los mapas y la planificación urbana a los planos opacos, las texturas sordas, los detalles efímeros, las imágenes que rehúyen la claridad. El guion pondera lo fragmentario, lo oscuro, lo incómodo: el cruce se filma, se interviene, se arquea. Y en ese territorio también se insertan los mundos fantásticos de Julio Verne con los que Luciano soñaba.
Emparentado con el cine-ensayo, el documental plantea una forma de la memoria: allí donde los cruces formales, las fronteras físicas y políticas, se sobreimprime el territorio del recuerdo, de los afectos, de las resistencias a la fuerza normalizadora del olvido. Porque todo documento de civilización borra las marcas de la barbarie civilizatoria y sin embargo, la memoria es la plantita que termina rompiendo el pavimento.
9/10