En Amores Materialistas, la escena inicial nos muestra a una pareja cavernícola: el amor y las necesidades materiales de supervivencia son la misma cosa. En la segunda escena, ya en la actualidad, una mujer muy atractiva se prepara para salir al trabajo: el labial ni nude desapercibido ni estridente, el pelo peinado con el flequillo prolijo destaca sus ojos azules. Sexy y profesional.
Se trata de Lucy (Dakota Johnson), nuestra protagonista y narradora no oficial de esta historia romántica teñida de ironía. Como casamentera para profesionales adinerados de Nueva York, lleva la contabilidad de las características de cada uno de sus clientes, de lo que quieren en una potencial pareja y de cuánto podrían estirarse cada uno para lograr su objetivo: emparejarse y casarse.

Porque en definitiva, el matrimonio es un negocio que se rige por las leyes del capital y hay que posicionarse bien en el mercado —eso incluye someterse a cirugías estéticas, entrenar, conseguir un trabajo rentable—. También están las citas y todas las inversiones necesarias para conseguir una renta por unos cuantos años —quién dice, quizás, toda la vida—.
El cinismo de Lucy funciona como filtro que demuestra que todo tiene un valor mensurable. Con su voz suave y apariencia angelical, Johnson logra que esa actitud fría fluya con elegancia y sutileza. Y la dirección de Celine Song acompaña mostrándonos una ciudad de pinterest, con encuadres simétricos y movimientos mínimos, donde todo habla de orden y estabilidad.
En el casamiento de una clienta —logro profesional de Lucy— conoce a Harry (Pedro Pascal), el hermano del novio, quien es un “unicornio” (sí, como las empresas), lindo y con plata, que está más interesado en ella que en convertirse en cliente. Ahí el encuadre es amplio y deja ver los espacios despojados, lujosos y faltos de personalidad, lo que contrasta con la casa de John (Chris Evans) el ex novio de Lucy, un departamento compartido ruidoso, sucio y abarrotado.
Es obvio que Harry es un gran partido y que John es el amor, ese plus no mensurable. Pero acá la peli se pincha: el dilema emocional de la protagonista no traspasa la pantalla y se queda en un juego intelectual que comprendemos pero que no sentimos. Amores materialistas como reflexión sobre el amor en la sociedad de consumo es inteligente —violencia machista incluida—, pero como comedia romántica se queda corta.
7/10