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Review: No puedo tener sexo

No puedo tener sexo es la ópera prima de Bel Gatti. Íntegramente filmada en modo selfi, este autodocumental que estrenará en Cacodelphia marca una intención de construir manifiesto. Como un Dogma 95 del conurbano, esta obra tiene, además del modo selfi, otras características distintivas que, dice la directora y protagonista, fueron surgiendo un poco por las limitaciones de la pandemia y otro poco producto de la reflexión sobre el cine.

En este sentido, es interesante saber que la idea de la película sale del espacio de terapia de Bel y que la búsqueda guía fue más bien el acto de filmar, el proceso de hacer antes que una hipótesis o una pregunta que responder. Asimismo, el acto de filmar fue la escritura: tenía en mente líneas posibles de indagación pero con unas pocas directivas los personajes/personas que actuaban/personas que hacían, se lanzaban al proceso.

Y las tomas fueron únicas y no sobró crudo sino que en el montaje —también respetando prácticamente el orden cronológico de filmación— le dio un sentido al material. Por ello quizás la realizadora habla de hiperdocumental, hiperrealidad, hiperficción e hiperpop para referirse a su producción. Pero vamos a la trama: la película comienza con una presentación de la protagonista, Bel, actriz, performer y dramaturga que no puede tener sexo en la vida “real”, sino sólo cuando está performando un personaje.

Las preguntas que se hace y le hace a los otros personajes son qué es la vida real, qué la diferencia de la ficción si la ficción se desarrolla en el tiempo de la vida real y con el cuerpo de quienes actúan, qué es el deseo. Así por ejemplo, le pregunta a la gente si la prefieren a ella o a Sandro King (su alter ego drag)… y las respuestas de Maruja Bustamante, su abuela y su madre, serán bien distintas.

También reflexiona que en la vida real la única persona que le toca la cara, el pelo, se le duerme encima, es Juana, la niña a la que cuida —pero con quien el juego también es una forma de ficción—. Y vemos el vínculo particular con la madre, con quien habla abiertamente de sexualidad, salud mental y otros temas que en muchos vínculos madre-hija son tabú o al menos pudorosamente tocados.

En suma, No puedo tener sexo es una interesante ópera prima que indaga las complejidades de la sexualidad, los vínculos, las ansiedades y lo socialmente esperable desde el autodocumental, con premisas particulares que delinean una búsqueda productiva (precarizada) y al mismo tiempo estética. Combina el uso de stickers, los intertítulos con preguntas o afirmaciones y la cámara como un yo espejado.

7/10

https://mubi.com/es/films/i-can-t-have-sex/trailer

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