Tierras perdidas es una nueva colaboración del director Paul W. S. Anderson y su esposa y actriz fetiche Mila Jovovich, que adaptan una historia corta de Geore R. R. Martin. Y completan el elenco Dave Bautista, Amara Okerke, Arly Jover y Fraser James, entre otros.
La historia, ambientada en un futuro postapocalíptico, se centra en la hechicera Gray Alys (Jovovich), quien junto a un cazador llamado Boyce (Bautista), emprenden un viaje peligroso por las tierras perdidas del título, con el objetivo de matar una criatura que tiene el poder de convertir a las personas en hombres lobo. Siendo perseguidos por los miembros de la Iglesia, una institución poderosa que dirige el mundo civilizado de manera inquisitoria.

En primer lugar, es necesario destacar la fusión de diversos géneros, como el western, la road movie, la ciencia ficción y el cine de magia y hechicería, unificados de manera eficaz bajo una estética clase b. Donde se destaca la fotografía, a cargo de Glen MacPherson, que le aporta una estética de cómic a las diferentes imágenes en las que se genera un contraste entre la oscuridad y los tonos excesivamente cálidos. Que sumados a un diseño de producción con un bienvenido cualquerismo, que acumula diferentes edificios en ruinas y objetos destruidos, construyen un mundo postapocalíptico construyen un universo diegético depresivo.
Pero lo que diferencia a esta película de obras maestras similares, como las de la franquicia de «Mad Max» por ejemplo, son sus actuaciones. Porque a la falta de carisma de Dave Bautista se le suman una serie de diálogos solemnes que buscan darle un tono épico, pero terminan resultando inverosímiles. Aunque se ven compensados con efectivas escenas de violencia gore, en las que se luce Mila Jovovich con este personaje estereotipado que tiene escasas variables con su Alice de «Resident Evil».
En conclusión, Tierras perdidas es una película con un diseño visual interesante propio del cine clase b pensada para el lucimiento de Mila Jovovich, nuevamente como heroína del cine de acción. Pero que falla al imponer una solemnidad épica por sobre el entretenimiento, por lo que termina resultando aburrida.