Dirigido por Saula Benavente, Una vez, un circo es una mirada ideal para conocer el momento de auge de un arte no percibido como popular, al menos para mi generación.
Mediante material de archivo de la llegada del Circo Estatal de Moscú a la Argentina y testimonios de los protagonistas, Benavente nos propone un viaje con una mirada humana, política y artística.

El primer punto a destacar es la calidad y cantidad de material que compone al documental. Algunas filmaciones, sobre todo para alguien que no conoció un show del estilo, quedan grabadas en la retina.
Una aclaración importante, el circo de Moscú de la época se caracterizaba por la participación de animales de todo tipo. Los más sensibles tengan en cuenta que hay muchas imágenes de espectáculos que los pueden afectar.
Continuando el tema anterior, las opiniones de los artistas acerca del adiestramiento son variadas. Hace interesante el discurso de la película, es bueno ver que el recorte es amplio y nos deja ver la amplitud de circunstancias.
Hay honrosas excepciones al dicho “el que mucho abarca, poco aprieta” y esta es una de ellas. En un principio me parecía excesiva la cantidad de temas, desde el vínculo del circo con Argentina hasta el conflicto de los artistas rusos durante la Unión Soviética. La película documental trata en profundidad todo lo que propone.
En conclusión, Una vez, un circo es ideal para la mayoría de los espectadores acostumbrados al lenguaje documental.
8/10