Memorias de un caracol, película animada australiana, nos habla de la pérdida, el duelo y la resiliencia. Dirigida por Adam Elliot.
Grace Pudel es una nena introvertida a la que le gusta coleccionar objetos con forma de caracol. Después de varias desgracias familiares, ella y su hermano mellizo son obligados a separarse en diferentes casas de adopción. En esa nueva soledad conocerá a una señora mayor que cambiará su ánimo y su relación con la vida.

En primer lugar, se trata de una historia muy conmovedora. Uno de los grandes puntos fuertes de la película es apelar a la fibra sensible que todos tenemos: la relación con la muerte. Dentro de un tema tan complejo, encontramos un mensaje inspirador.
En el tema de la estética se puede resaltar que se tenía una visión clara de lo que se quería contar. Los objetos que se acumulan alrededor de la protagonista construyen el mundo mental de la misma.
Por otro lado, en determinado momento el argumento empieza a sentirse un poco repetitivo. Si bien no perdemos interés en los hechos, da la impresión que escuchamos varias veces los mismos pensamientos y las mismas tragedias. Quizás fue una decisión consciente y se trató de paralelizar la repetición con lo circular de la historia de vida de Grace.
Por último, otro gesto interesante es el constante uso de lo bizarro. Le da cierto interés extra a la historia que todo tenga un matiz de rareza.
Como decía al principio, una de las cosas destacables es el mensaje final. Sin spoilers, me pareció interesante encontrar un cierre motivador pero no paternalista.
En conclusión, Memorias de un caracol es una buena opción para los que busquen introspección y temáticas relacionadas con lo más profundo del ser humano.
7/10